Aviones de papel

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Arturo´s Desert Eagle

Cuando Mike Kelsey empezó a volar alas delta en el Sur de California, en 1972, los días de poco viento él y un grupo de pilotos se entretenían lanzando aviones de papel desde los acantilados. Muy pronto surgió el espíritu competitivo entre ellos y todos querían que su modelo llegara más lejos y se mantuviera más tiempo en el aire. Kesley se aficionó a los aviones de papel y en la década de 1970 ganó varios concursos de distancia con uno de sus diseños, en Los Angeles. El avión de Kelsey, OmniWing, podía doblarse a partir de una cuartilla en unos minutos y requería pocos ajustes, pero su diseñador mantuvo el secreto de los detalles de su construcción durante muchos años. Sin embargo, no ha querido irse a la tumba sin compartir con la gente su excepcional diseño y hace poco ha publicado en internet las instrucciones para doblarlo.

Pero el OmniWing nunca fue capaz de mantenerse en el vuelo los 27,9 segundos del avión de papel del japonés Takuo Toda, record de permanencia en el aire desde abril de 2009. Tampoco consiguió batir al estadounidense Joe Ayoob que con su avioncito de papel, en 2012, logró volar una distancia de 69,14 metros: la mejor marca registrada hasta la fecha. Los aviones de papel, que habían ostentado el récord de distancia con anterioridad, volaban como dardos, o jabalinas, con un ángulo de ataque de unos 45 grados y describiendo un parábola. El avión de Ayoob se mantuvo en el aire gracias a la sustentación de las alas, lo que le permitió descender, ganar velocidad, y remontar otra vez el vuelo.

El origen de los aviones de papel es incierto; sabemos que el industrial y excepcional diseñador de aeronaves estadounidense Jack Northrop, en la década de 1930, utilizaba pequeños modelos de papel para analizar el comportamiento de sus diseños. Parece ser que otros diseñadores lo hicieron con anterioridad, pero no sé exactamente quiénes fueron. En el libro Complete Book of Sports and Pastimes: Being a Compendium of AOut-Door and In-Door Amusements, de Casell, publicado en 1896, se reproduce un dibujo para plegar una cuartilla de papel y fabricar una especie de dardo que al lanzarlo con la mano «su movimiento a través del aire se encontrará acompañado de una graciosa curva…». Es posible que sea esta la primera referencia a lo que hoy llamamos aviones de papel.

No todos los aviones de papel se elaboran a partir de una cuartilla. Los hay mucho más pequeños y bastante más grandes. Auxiliado de un microscopio y con pinzas, el japonés Naito, a partir de un trozo de papel de 2,9 milímetros cuadrados, construyó un avión de papel que colocó sobre la cabeza de una aguja. No llegó a volar nunca, pero se considera que es el de menor tamaño que se ha fabricado. En el otro extremo se encuentran aviones de papel gigantescos como el construido en la Universidad de Delft (Holanda) que, con una envergadura de 12,22 metros consiguió volar 34,8 metros el 16 de mayo de 1995 cuando lo lanzaron de una plataforma de 3 metros de altura.

Sin embargo, el avión de papel de la universidad holandesa no es el único de gran tamaño que se ha construido hasta la fecha. En 2012, un gigante de papel voló sobre los cielos del desierto de Arizona. El avión se llamaba Arturo`s Desert Eagle (Águila del Desierto de Arturo).

Arturo Valdenegro tenía 12 años cuando se presentó al concurso de aviones de papel organizado por el Pima Air & Space Museum, en Tucson, Arizona. El muchacho estudiaba séptimo grado en la escuela de Santa Cruz de Tucson y estuvo experimentando con varios modelos de avión de papel. En enero de 2012, durante las pruebas del concurso, Arturo logró que su aeroplano volara 22,5 metros, con lo que venció a sus 150 competidores. Como parte del premio a su victoria Arturo entró a formar parte del equipo del Pima Air & Space Museum que construyó aquel modelo a gran escala. El avión de papel tenía unos 13,5 metros de largo, su envergadura alcanzaba los 7,2 metros y pesaba unos 362 kilogramos. Lo levantaron con un helicóptero a 1200 metros y desde allí dejaron que volase libremente. El 21 de marzo, Arturo pudo contemplar desde tierra como soltaron al aeroplano desde el helicóptero y después de realizar un corto vuelo, de unos 6 segundos, en los que alcanzó una velocidad de 98 millas por hora, se estrelló contra el suelo.

Este vuelo y los concursos de aviones de papel, para niños, del Pima Air & Space Museum de Tucson, tienen un único objetivo: hacer que los muchachos se interesen por la ciencia y la ingeniería. Tan sencillo como doblar una hoja de papel seis o siete veces.

 

 

de Francisco Escarti Publicado en Aviones

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