Plutón: historia del que fue el planeta más alejado del Sol

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Imagen: NASA

Tras un viaje que ha durado nueve años y medio, el vehículo de la NASA New Horizons consiguió pasar muy cerca de Plutón, el 14 de julio de 2015. Se trata de un astro, hasta hace muy poco el noveno planeta del Sistema Solar y apenas han transcurrido un centenar de años desde que sabemos de su existencia.

En 1894, por primera vez en la historia de la Astronomía, se construyó un observatorio astronómico en un lugar elevado, a 2100 metros de altura, alejado de las luces de las grandes ciudades. Percival Lowell, un joven millonario de 39 años graduado en Harvard, obsesionado por los canales marcianos que había dibujado el astrónomo italiano Giovanni Schaparelli, financió el proyecto. Durante los siguientes 15 años, Lowell, se dedicó al estudio de aquellos surcos desde su observatorio en la ciudad de Flagstaff, Arizona. A la gente le entusiasmó la idea de que alguna civilización había construido sobre la superficie de Marte gigantescos acueductos para llevar el agua de sus polos a las zonas desérticas del planeta, pero la comunidad científica se mostró bastante escéptica con esta hipótesis.

Los canales marcianos hicieron popular a Percival Lowell, sin embargo su mayor aportación al conocimiento científico la llevó a cabo durante los últimos diez años de su vida que empleó en la búsqueda de un planeta invisible. Lowell desarrolló la hipótesis de que las variaciones en las órbitas de Urano y Neptuno se debían a la influencia de un astro, hasta entonces desconocido, que designó con el nombre de Planeta X.

Neptuno había sido descubierto, en 1846, después de que Alexis Bouvard publicara en sus tablas astronómicas la órbita de Urano y sugiriese que había otro cuerpo celeste cuya fuerza gravitatoria perturbaba el movimiento del planeta. El matemático francés Urbain Le Verrier calculó la posición exacta del invisible astro y la envió al observatorio de Berlín desde donde días después localizaron al planeta en el lugar indicado. Influenciado por aquel episodio extraordinario, en 1906, Percival Lowell concluyó que Urano y Neptuno describían órbitas que no se ajustaban a sus masas y que la desviación se debía a la influencia de otro astro invisible: el Planeta X.

El hombre de negocios, matemático, diplomático, viajero y astrónomo, que fue Percival Lowell, murió en 1916 a causa de una hemorragia cerebral sin encontrar su planeta. Dejó un legado de un millón de dólares para financiar la búsqueda del Planeta X, pero su viuda, Constance, trató de impedirlo al reclamar los fondos y el observatorio no pudo disponer del dinero necesario para continuar las exploraciones.

Pocos años después de la muerte de Lowell, otro estadounidense, William Henry Pickering, en 1919, también suscribiría la hipótesis de que las órbitas de Urano y Neptuno daban a entender que existía un planeta desconocido que las alteraba, ya que no se ajustaban a sus respectivas masas. Sin embargo, los astrónomos del observatorio de Mount Wilson no lograron encontrar el planeta misterioso anunciado por Pickering.

La batalla legal de Constance, contra el observatorio astronómico Lowell por el disfrute del legado de su difunto esposo, duró unos diez años. En 1929 el director del centro pudo contratar a un colaborador para reiniciar la búsqueda del Planeta X; se llamaba Clyde William Tombaugh.

Clyde no había recibido educación universitaria por falta de medios económicos y cuanto sabía lo había aprendido por su cuenta. A los 20 años construyó su primer telescopio. Con la ayuda de aquél artefacto hizo dibujos de Marte y Júpiter y los mandó al observatorio Lowell. Los científicos del centro, impresionados con la capacidad de observación del muchacho, lo contrataron y le asignaron la tarea de explorar la zona del espacio en donde debía hallarse el Planeta X. Tombaugh tardó un año en encontrarlo: el 18 de febrero de 1930 en el observatorio Lowell en Flagstaff, Arizona, descubrió al misterioso planeta.

La noticia dio la vuelta al mundo. Por haberlo descubierto, el observatorio Lowell tenía que asignarle un nombre al último planeta conocido del Sistema Solar. La viuda de Lowell propuso tres: Zeus, Percival y Constance. Ninguno fue aceptado por los directivos del observatorio. Al final, todos los empleados del centro eligieron el nombre, mediante votación de una lista corta en la que figuraban tres designaciones para el planeta: Minerva, Cronus y Plutón. Plutón fue la ganadora: un dios lejano, despiadado y severo.

Y es que Plutón, el último y más lejano de los planetas del Sistema Solar, se encuentra muy lejos de la Tierra: en una órbita cuyo radio medio es del orden de 40 unidades astronómicas (UA), es decir 40 veces mayor que la distancia de la Tierra al Sol (1 UA equivale a la distancia media de la Tierra al Sol, aproximadamente igual a 150 millones de kilómetros). Su nombre, de dios gélido que mora en las entrañas de la Tierra, evoca lejanía, oscuridad, frialdad, atributos del remoto lugar en el que se encuentra, en un sitio que se suponía cercano a la frontera del Sistema Solar.

En 1931, a Plutón se le asignó una masa capaz de inducir en las órbitas de Neptuno y Urano el efecto estimado por Lowell, por lo que debía ser similar a la de la Tierra. Sin embargo, en 1948, la masa de Plutón volvió a recalcularse y su valor se redujo a una décima parte de la masa de la Tierra. En 1976 y 1978 nuevos cálculos basados en las características de su albedo (porcentaje de radiación reflejada cuando se ilumina el astro) y el descubrimiento de una de sus lunas (Caronte) redujeron la masa estimada de Plutón a una cantidad que es del orden de quinientas veces más pequeña que la masa de la Tierra.

La masa de Plutón es tan exigua que los científicos llegaron a la conclusión de que no podía influir en las órbitas de Urano y Neptuno. En 1989, la sonda Voyager 2, facilitó que se hiciera una estimación más precisa de la masa de Neptuno. Al recalcular las órbitas de los anteriores planetas, con este valor, pudo comprobarse que no existen desajustes y que para explicar las trayectorias de estos planetas (Urano y Neptuno), alrededor del Sol, no es necesario que exista ningún Planeta X, como había supuesto Lowell. Al parecer, fue una coincidencia extraordinaria que hubiese un planeta en el lugar que supuso Percival Lowell para explicar unas inexistentes alteraciones en las órbitas de Urano y Neptuno.

Lowell alimentó el interés del gran público por la Astronomía con dos historias que con el tiempo se demostró que eran falsas: la civilización marciana y el misterioso Planeta X que alteraba las órbitas de Urano y Neptuno. El estadounidense consiguió que muchas personas, en todo el mundo, se interesaran por el Sistema Solar, los planetas y el universo, y esa fue su mayor contribución a la ciencia.

En la actualidad a Plutón ni siquiera se le considera un planeta del Sistema Solar. En 2006, la International Astronomical Union (IAU) decidió que un planeta debía orbitar alrededor del Sol, tener suficiente masa para mantener una forma esférica y moverse en una órbita despejada. Plutón no cumple la tercera condición ya que se mueve en una órbita en la que ocupa el 7% de la masa total. A estos cuerpos celestes la IAU los bautizó con el nombre de «planetas enanos». Y es que este planeta se encuentra en un lugar del Sistema Solar que se conoce con el nombre de Cinturón de Kuiper, formado por una especie de anillo que se extiende tras la órbita de Neptuno a una distancia de 30 a 55 UA, aproximadamente. El anillo está ocupado por centenares de miles de cuerpos helados de más de 100 kilómetros de diámetro un número incontable de pequeños cometas y algunos astros más grandes con un tamaño próximo al de Plutón. En 2005 se descubrió lo que podría haber sido otro planeta, Eris, que en principio incluso se pensó que era un poco más grande que Plutón, aunque posteriormente se corrigió su masa y hoy se estima que es ligeramente inferior.

La sonda New Horizons ya ha dejado atrás a Plutón y ahora se adentra en el Cinturón de Kuiper. Ha tenido la oportunidad de contemplar cómo es la noche cuando se cierne sobre la superficie del planeta enano, iluminado tan solo por el reflejo de su luna Caronte y las lejanas estrellas. En Plutón el invierno austral dura un centenar de años durante los que el Sol no alumbra la superficie polar. Los rayos del Sol llegan a Plutón con un brillo que es mil veces inferior al que vemos desde la Tierra. Cuando la NASA le comentó a Tombaugh, el descubridor de Plutón, que tenía intención de enviar una sonda espacial a su encuentro, el astrónomo comentó que era un lugar inhóspito y frío. Clyde William Tombaugh falleció en 1997, a los 90 años, y New Horizons inició su viaje en 2006. Sin embargo, el responsable del proyecto de la agencia espacial obtuvo autorización de la familia del astrónomo para embarcar en la nave una pequeña cantidad de sus cenizas a las que acompañó con el siguiente rótulo:

«Aquí hay restos del americano Clyde W. Tombaugh, descubridor de Plutón y de la “tercera zona” del Sistema Solar. Hijo de Adelle y Muron, marido de Patricia, padre de Annette y Alden, astrónomo, profesor, aficionado a los juegos de palabras, y amigo: Clyde W. Tombaugh (1906-1997)».

Lowell se las ingenió para predecir la existencia de un planeta con suposiciones erróneas y la casualidad quiso que hubiera un astro en aquel lugar. Tombaugh lo encontró y el mundo recibió con una gran algazara el advenimiento del noveno planeta del Sistema Solar. Años después los astrónomos lo empequeñecieron y le privaron de esa distinción para convertirlo en un planeta enano, como otros muchos, del Cinturón de Kuiper. La sonda New Horizons ha constatado que las decisiones fueron correctas, que Plutón es así de pequeño y que se mueve por unos lugares muy fríos, como decía Tombaugh.

2 comentarios el “Plutón: historia del que fue el planeta más alejado del Sol

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