Turismo espacial: La vida es una aventura audaz o no es nada (Hellen Keller)

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Image Credit: NASA/ESA/Alexander Gerst

Da una vuelta a la Tierra cada 92 minutos y 52 segundos, a una altura de 412 kilómetros y viaja a 27°743 kilómetros por hora. La Estación Espacial Internacional (ISS) es un laboratorio en el que colaboran la Agencia Espacial Europea (ESA), la estadounidense NASA, y las agencias rusa, japonesa y canadiense de forma directa y otras entidades a través de estas. Desde el año 2000 siempre hay un equipo de astronautas a bordo en sus más de 900 metros cúbicos habitables que tiene en la actualidad. La ISS está considerada como una de las mayores obras de ingeniería de nuestra época.

La Estación no ha servido como habitáculo exclusivo de astronautas de los países que participan en el proyecto, sino que también ha recibido a turistas espaciales. El primero en llegar fue un millonario estadounidense que, según parece, pagó 20 millones de dólares por su billete de ida y vuelta y una estancia de 6 días en el hotel espacial. El 28 de abril de 2001, Dennis Tito inauguró el turismo de aventuras galáctico tres meses antes de cumplir 61 años. Viajó a la Estación Espacial a bordo de una nave rusa Soyuz, a pesar de los intentos de la NASA para bloquear la iniciativa de sus socios. Después de Tito, otros seis turistas han viajado al espacio con estancias cuya duración osciló entre 11 y 15 días y tarifas todas ellas superiores a los 20 millones de dólares. El cuarto turista fue Anousheh Ansari, una estadounidense de origen iraní que, el 18 de septiembre de 2006, se convirtió en la primera mujer en disfrutar de unas vacaciones en el espacio. Estos viajes a la Estación Espacial los comercializa Space Adventures Ltd, una empresa estadounidense radicada en Virginia, que también tiene oficina en Moscú y ha suscrito los correspondientes acuerdos con la agencia espacial rusa. Sin embargo, Rusia paralizó los viajes orbitales en 2010 debido a que en las siguientes misiones los asientos disponibles en la Soyuz estaban todos ocupados por las tripulaciones de astronautas. La agencia tiene previsto reanudar las operaciones turísticas a partir de 2015.
El turismo orbital continuará siendo un lujo al alcance de muy pocos, si es cierto que la agencia espacial rusa continua apoyando esta iniciativa. Pero hay otros proyectos en marcha, algunos bastante avanzados, para que los no astronautas podamos experimentar el viaje espacial.

Sir Richard Branson, el fundador de Virgin Group, creó Virgin Galactic para ofrecer viajes suborbitales a sus clientes. La sociedad lleva unos diez años tratando de desarrollar un vehículo capaz de elevarse hasta 100 kilómetros en el que los pasajeros puedan, al menos durante unos cinco minutos, experimentar la ausencia de gravedad y visitar el espacio que se supone que empieza en esas alturas. El proyecto no está resultando nada fácil. Branson compró la tecnología desarrollada por Burt Rutan y Paul Allen, en 2004, con su SpaceShipOne ─la primera nave no gubernamental en realizar un viaje suborbital a más de 100 kilómetros de altura. Dos de los vuelos de prueba han tenido problemas muy serios y en 2007 una explosión mató a tres de los ingenieros que trabajaban en el proyecto. El precio que se anunció para la excursión, que durará unas 2,5 horas en total con 6 turistas a bordo, fue de 200°000 dólares y la empresa tuvo unas 65°000 solicitudes de viajeros que deseaban ocupar alguna de las 100 primeras plazas. La sociedad ha revisado la tarifa y ahora es de 250°000 dólares lo que no es óbice para que cuente con más de 600 interesados que ya han desembolsado el 100% del precio del billete; entre ellos se encuentran Angelina Jolie, Brad Pitt, Russel Brand, Leonardo DiCaprio y Stephen Hawking. Sin embargo, la nave de Virgin Galactic que tiene que transportar a los turistas espaciales sigue sin estar lista. El propio Richard Branson anunció en abril de 2013 que las Navidades de aquel año viajaría al espacio vestido de Santa Claus, pero la realidad es que el hombre de negocios británico se tuvo que quedar en casa. Durante las últimas pruebas que se han hecho a principios de este año con la lanzadera espacial (SpaceShipTwo) han aparecido una serie de problemas técnicos cuya solución limitarán la altura que podrá alcanzar y su carga de pago. Virgin Galactic ha tenido que reconocer que, de momento, sus pasajeros no podrán alcanzar los míticos 100 kilómetros de altura, aunque se compromete a que superen los 80 km. A principios de este mes de octubre Branson anunció que Scaled Composites, la empresa californiana que está finalizando la nueva versión de la SpaceShipTwo, ha probado en tierra el nuevo motor, los vuelos de prueba se reanudarán enseguida y «las operaciones comerciales empezarán pronto, tal y como vengo diciendo desde hace unos años».

Los viajes espaciales de Virgin Galactic se anuncian como experiencias personales que transforman a los individuos. Según el director de la empresa, George Whitesides: «Es una observación simple, pero hay algo que se denomina efecto de perspectiva, que está científicamente documentado. Cuando la gente va al espacio vuelve con una perspectiva diferente y yo creo que muchos de los retos a los que nos vamos a enfrentar durante el próximo siglo son esencialmente retos planetarios que para resolverlos necesitamos tener una perspectiva planetaria». Whitesides espera que miles de personas vuelen al espacio en un futuro próximo y que ellos nos traigan esa visión imprescindible para afrontar los desafíos que se le plantean a nuestra sociedad. Y, según él, esa es la razón por la que el trabajo de Galactic es tan importante para el devenir del mundo y de la humanidad. Whitesides, antes de dirigir la empresa de sir Richard Branson, fue uno de los turistas que reservó un billete espacial, en 2005, junto con su esposa, para celebrar la luna de miel en las alturas.

Virgin Galactic no es la única empresa que vende viajes suborbitales. XCOR Aerospace con instalaciones en el desierto del Mojave, California, y en Midland, Texas, ha desarrollado una aeronave, Lynx, capaz de transportar al piloto y un pasajero a más de 100 kilómetros de altura. Mientras que Virgin ofrece una cabina de pasajeros muy amplia en donde los turistas pueden moverse con cierta libertad el espacio de Lynx es más reducido. El precio del viaje ronda los 100°000 dólares y la empresa, al igual que la Virgin Galactic, cuenta con una importante cartera de clientes que han abonado sus reservas. También está previsto que las operaciones comerciales se inicien a principios del próximo año 2015.

Hasta ahora, la exploración espacial ha sido un asunto reservado a las organizaciones empresariales con la salvedad de las ventas de unas pocas plazas turísticas, que la agencia espacial rusa ha hecho posible, para visitar la Estación Espacial Internacional. Sir Richard Branson lleva cerca de diez años tratando de poner en servicio una lanzadera espacial que permita a los turistas experimentar las condiciones de ingravidez durante unos cinco minutos y les ofrezca la visión de la Tierra desde el espacio. Según su director general, Whitesides, será una experiencia capaz de transformar el mundo. Una experiencia para gente que pueda pagar un cuarto de millón de dólares, además de gozar de unas excelentes condiciones físicas. Parece que hay decenas de millares de personas en este planeta con esas características, que están ansiosos por experimentar el vuelo espacial. Si alguna vez el SpaceShipTwo es capaz de resolver sus muchos problemas, quizá este tipo de turismo se convierta en un negocio extraordinario y otros transportistas copien la idea. Sin duda, el producto se abaratará y será accesible para economías holgadas, pero más modestas. Lo cierto es que las expediciones espaciales financiadas por la iniciativa privada pueden tener un desarrollo que hasta hace muy poco tiempo era impensable y dar un vuelco inesperado a la carrera del espacio que hasta la fecha ha tenido en el llamado “orgullo nacional” su principal móvil. De momento, una compañía (Orbital Technologies) también rusa, anuncia una Estación Espacial Comercial ─similar a la Estación Espacial Internacional─ en la que sus huéspedes podrán pasar varios días disfrutando de excelentes manjares, grandes camas horizontales o verticales, y observando la Tierra, su lugar de origen, a través de unas generosas escotillas. El precio rondaría el millón de dólares para una estancia de una semana.

El primer turista espacial, Dennis Tito, anunció en febrero de 2013 su intención de organizar un viaje para una pareja madura que, tras despegar de la Tierra en 2018 (o quizá 2021) darían la vuelta a Marte y después de más de 500 días de vuelo, regresarían a nuestro planeta. La financiación del proyecto sería privada: «Es una misión filantrópica. Cuando esta misión finalice yo no terminaré con una empresa, de hecho terminaré más pobre». Sin embargo, este año ya ha anunciado que la iniciativa debería organizarse mediante una colaboración público-privada y ha solicitado el apoyo de la NASA. Para Dennis Tito, el móvil principal sigue siendo la inspiración y uno de sus colaboradores parafraseó a Hellen Keller durante la presentación del proyecto: «La vida o es aventura o no es nada».

Quizás, la aventura espacial de carácter privado más ambiciosa sea Mars One, cuyo objetivo es establecer la presencia de seres humanos, de forma permanente, en el planeta Marte, a partir de 2024. Para los primeros colonos será un viaje sin retorno. Los organizadores ya han preseleccionado un primer grupo de más de 800 individuos que se han presentado como voluntarios. La financiación de la iniciativa será la publicidad del gran espectáculo que supondrá todo lo relacionado con este extraordinario evento y la venta de objetos promocionales. Los organizadores no dejan de apelar a la épica y los sentimientos de grandeza para justificar la aventura.

Perspectiva, inspiración, grandeza…y negocio, porque también parece ser que la aventura sin dinero no es aventura.

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