De Los Ángeles al cielo (Capítulo 9)

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DE LOS ÁNGELES AL CIELO

Capítulo 9

LA MESA DEL TRONO DE LA VIRGEN DE LA ESPERANZA

Escuché un ruido y noté cómo alguien apretaba mi brazo. Era la azafata.

─Señor, se le han caído los papeles, ¿quiere que le traiga algo para beber?

─No, no, gracias –le respondí, mientras miraba al suelo en donde estaban el periódico, mi carpeta y unos documentos que en ese momento trataba de recoger la azafata.

Instintivamente había intentado recuperar los papeles, sin darme cuenta de que tenía el cinturón puesto y mi mano se había quedado a mitad camino. Mucho más ágil que yo, la muchacha me entregó la documentación, se levantó, se alisó la falda, sonrió y se fue hacia la cabina de vuelo.

Ordené los papeles y volví a meterlos en la carpeta. Eran copias de artículos que a lo largo de los años se habían publicado sobre DC-1, relacionados con el accidente de Málaga del año 1940. También había una copia de la página del libro de Bill Yenne The Story of the Boeing Company en donde yo había leído la frase culpable de aquel viaje. Estaba subrayada y volví a echarle un vistazo, antes de guardar el papel:

“Parte del esqueleto del DC-1 fue canibalizado y utilizado posiblemente hasta el día de hoy como andas de la estatua de la virgen en ceremonias religiosas en honor de Nuestra Señora de la Esperanza, en Málaga”.

En Madrid, yo tenía encima de la mesa de mi despacho ese libro y de vez en cuando leía algunas páginas. Un día me encontré con esa frase sobre el DC-1 y quedé bastante impresionado. Lo primero que hice fue tratar de conseguir algunos detalles sobre la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza, cosa que no fue difícil. En Málaga, la Pontificia y Real Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza, cuyos orígenes se remontan a mediados del siglo XVII, tiene dos imágenes: el Cristo y la Virgen María Santísima de la Esperanza. La Virgen es una talla barroca del siglo XVII, que representa una Dolorosa con lágrimas en el rostro, de una gran belleza –a la que los malagueños suelen piropear con “¡guapa!” cuando sale en procesión–. En las procesiones la Virgen va sobre una peana, en un monumental trono flanqueado por cuatro ánforas de azucenas, cubierto con un palio cuyo cielo es de terciopelo verde esmeralda con bordados en oro y seda y aplicaciones de marfil, seguido por un manto procesional de ocho metros. La estatua y el trono se apoyan en una mesa con pies y varales y el conjunto pesa más de cinco toneladas que soportan, a hombros, 262 hombres.

No me fue difícil contactar con la archicofradía y mi sorpresa fue mayúscula cuando me dijeron que el trono estaba en la Universidad porque lo iban a reemplazar ese año por otro nuevo; además, también me hicieron saber que la historia del DC-1 quizá no fuera cierta, ya que lo más probable era que la estructura se hubiese construido con los restos de un Junkers JU-52.

Localicé a Bill Yenne, autor del libro, y le dije que según los cofrades las andas de la Virgen se habían hecho con los restos de un avión alemán. Me dijo que en aquella época en España volaban más Junkers que Douglas por lo que no le extrañaría que fuera un avión alemán el que suministró la materia prima para las andas, pero que la historia venía así, como estaba en su libro, en los anales de la fábrica de California. Yenne me sugirió que fuera a ver la estructura y que hiciese fotos para buscar alguna pista que aclarase el asunto. Yo no soy ningún experto ni en materiales ni en estructuras, así que consulté con algunos colegas sobre las diferencias entre las aleaciones del duraluminio aeronáutico que se utilizaba en Europa y en Estados Unidos a principios de los años 30 del pasado siglo. Nadie logró aclararme este punto, aunque tampoco insistí demasiado; al final confié en que el diámetro de los remaches podría darme alguna indicación. Sin embargo, la primera novedad con que me encontré fue que la mesa y los varales se construyeron con duraluminio de la estructura del avión que se había fundido previamente. Los remaches los habían puesto en Sevilla y no tenían nada que ver con los originales de la aeronave.

Aquella mañana había hecho muchas fotos de la mesa, almacenada en una sala de la Universidad en espera de que Luis Utrilla encontrara la forma de acomodarla en su museo del transporte aéreo de Málaga. Era una estructura complicada con cuatro patas, pintada de gris y remachada. Conservaba las etiquetas para identificar las posiciones en las que se colocaban los cofrades para llevarla. A simple vista yo no percibía nada que pudiera indicarme si para construirla se habían utilizado los restos de un Junkers o de un Douglas.

De toda la información que pude recopilar podía deducirse que en la Semana Santa de 1950, la archicofradía estrenó la mesa que yo acababa de ver para sacar en procesión a la Virgen. Las ventajas de aquella estructura, con respecto a la de madera que sustituyó, eran su robustez y la reducción de peso que hacía que los costaleros tuvieran que cargar unos 2000 kilogramos menos. La vieja estructura de madera llevaba catorce o dieciséis patas y era raro que todas las patas y varales llegaran al final del recorrido en las procesiones, porque casi siempre se rompía alguno.

De 1950 hasta 2010, la estructura que diseñó Vicente Caffarena había prestado un magnífico servicio. Pero, a juicio de Manuel Harras –el hermano mayor de la archicofradía– había llegado el momento de reemplazarla por otra porque la mesa era inestable, los remaches saltaban y estaban provocando daños en capillas, molduras y roleos del cajillo. Con la nueva mesa, cuyo diseño se había encargado a la Universidad, se podían incorporar 16 hombres de trono adicionales y el peso se vería reducido en unos 400 kilos. Además, la carga se repartiría mejor entre los portadores que soportarían unos 16 kilogramos por cabeza. El diseño lo hizo el alumno Joaquín Jiménez López, como proyecto fin de carrera, supervisado por el profesor José Espejo. Por lo tanto, a partir de 2011, la historia de una Virgen que salía todos los años en procesión a grupas de los restos de un avión de época se había terminado. La estructura de Vicente Caffarena estaba arrinconada en un almacén de la Universidad a la espera de que le asignaran algún sitio para descansar de tanto esfuerzo.

Vicente Caffarena Aceña, ingeniero de caminos que trabajaba en el puerto de Málaga, fue teniente hermano mayor de la archicofradía de la Esperanza y pariente próximo de don César Gómez de Lucía, director general de la aerolínea Iberia. En 1946, el ingeniero tuvo la idea de utilizar el duraluminio de los restos de la aeronave para construir una nueva mesa para el trono y se puso en contacto con don César para pedirle el material. Aunque su pariente accedió a la demanda, en aquella época el duraluminio se consideraba como “material estratégico” en España, y el Ejército del Aire tenía que dar su conformidad. El hermano mayor, Matías Abela Benito, tuvo que escribir una carta solicitando permiso al ministro del Aire, general González Gallarza, para que autorizase la cesión de material, consentida por Iberia.

Por fin, los cofrades se hicieron con el preciado y ligero duraluminio, pero había que construir una complicada mesa, con sus patas y varales, para soportar el trono. Vicente hizo los cálculos y los planos, pero el proyecto se quedó en la mesa de dibujo del ingeniero de caminos porque los cofrades no tenían dinero para construirlo. Durante la Semana Santa de 1948, un ingeniero de Bilbao, Earle, visitó Málaga y se interesó por la historia de la archicofradía de la Esperanza. Caffarena y otros hermanos le explicaron todo lo que sabían al respecto y salió a relucir el asunto de la estructura y del duraluminio. Dio la casualidad de que Earle era el propietario de uno de los pocos, o quizá el único, taller en España con capacidad para fundir y moldear perfiles de duraluminio. El bilbaíno se ofreció a fundir el metal, hacer los perfiles y costear el ensamblaje y remachado de la mesa en los talleres sevillanos de la Hispano Aviación, de acuerdo con los planos de Caffarena.

El Jueves Santo del año 1950 la Virgen de la Esperanza salió, por primera vez, del templo de Santo Domingo a bordo de un trono aeronáutico, ligero y moderno y así lo haría durante muchos años más.

Todos los documentos que había leído hasta entonces coincidían en que el ingeniero Vicente Caffarena le pidió a Gómez de Lucía el duraluminio del avión y luego diseñó la estructura, así como en la generosa intervención del vasco Earle. En cuanto a la aeronave, había discrepancias. Según el artículo de una revista mexicana de 1985, el material aeronáutico utilizado para hacer la mesa, pertenecía a un DC-2 que se había estrellado en Melilla. En el libro de don César Gómez de Lucía, Diagonal Histórica del Tráfico Aéreo Español, puede verse en un pie de foto una leyenda que dice que el trono de Nuestra Señora de la Esperanza está construido con materiales de un DC-2. Hay más artículos en los que se afirma que el trono utilizó restos de este avión, pero quizá todos ellos se inspiren en la anotación que figura en el libro del director general de Iberia, puesto que él personalmente intervino en el asunto, aunque es posible que no tuviera una participación tan directa en la redacción de los pies de foto de su libro. En cuanto a que la procedencia del material de la mesa tenía su origen en el DC-1, solo podía decir que era la versión común a todas las publicaciones hechas en Estados Unidos; aunque el contenido de algunos artículos era copia de otros, al igual que los españoles. La teoría del DC-1 también aparecía en España, en un libro de Jaime Velarde Silió, publicado en 1995, y en artículos de varias revistas. Pero, sin duda, la hipótesis mejor documentada y más verosímil era que las andas se construyeron con el material de un Junkers que se había estrellado en Melilla.

Pensé que en Madrid tendría tiempo para ver con más detalle, en el ordenador, las fotos que había sacado. Busqué otra vez a mi querido DC-1, entre los papeles y lo puse en primera plana. Era una foto preciosa y además tenía ese extraño don de la locuacidad. Volví a fijarme en ella y a dejar que mi mente campara a sus anchas por el mundo de los pensamientos.

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