El misterio de la desaparición de Amelia Earhart

Image: Amelia Earhart

Amelia Earhart

El 11 de junio de este año, Matthew O’Sullivan del Museo de la Fuerza Aérea de Nueva Zelanda en Christchurch, descubrió la existencia de fotografías que podrían desvelar el misterio de la desaparición de Amelia Earhart. Matthew había recibido de Aukland una petición para que enviara determinados rollos de negativos antiguos. Los guardaba en botes de hojalata, dentro de un contenedor que estaba a la intemperie. Al abrir la puerta se encontró con un bote, el número 75, con 41 fotografías impresas y un rollo de negativos que ya había sido revelado. Lo observó con curiosidad porque el bote no se había clasificado debido a que la ubicación de las fotos no se determinó con exactitud. Matthew creyó adivinar que en la etiqueta del bote podía leerse un nombre: la isla Gardner. O’Sullivan comparó las imágenes de las fotos impresas con vistas de Google y llegó a la conclusión de que tenían que ser de aquella isla.

Matt sabía que el Grupo Internacional para la Recuperación de Aviones Históricos (TIGHAR) estaba interesado en cualquier fotografía antigua de la isla Gardner y contactó con la organización. Le dijeron que había encontrado algo que era muy importante. Ellos sabían que se trataba de fotos tomadas por un avión, Supermarine Walrus, lanzado desde el buque HMS Leander en diciembre de 1938. Ese año la Armada exploró los atolones del centro del Pacífico Sur que pertenecían al Reino Unido, en búsqueda de lugares donde se pudiera construir una base aérea. Ric Gillespie y Jeff Glickman de TIGHAR llegaron a Nueva Zelanda el 10 de julio de este año, para hacer copias de los negativos.

Pero, ¿por qué son tan importantes esas fotos para la TIGHAR? Desde hace muchos años la organización investiga sobre la desaparición del avión de Amelia Earhart, acerca de la cual existen tres hipótesis diferentes.

El 2 de julio de 1937 la mundialmente famosa piloto estadounidense Amelia Earhart y Fred Noonan volaban a bordo del Lockheed Electra en la tercera etapa de su periplo alrededor del mundo, de Nueva Guinea a Howland, una ruta de 4113 kilómetros. Tenían previsto aterrizar en Howland y de allí volarían a California. En las proximidades de la isla les aguardaba el guardacostas Itasca de la Marina de Estados Unidos, buque con el que efectuaron todas las comunicaciones a través de la radio, durante su aproximación a Howlland. A las 7:42 de la mañana Earhart dijo: “Debemos de estar sobre ustedes, pero no los vemos. Nos estamos quedando sin combustible. No los oímos por la radio. Volamos a 1000 pies de altura“. El buque respondió, pero daba la impresión de que el avión no oía nada. Una hora más tarde, Amelia volvió a contactar con el guardacostas para decir: “Volamos norte y sur”. La comunicación se cortó y ya no se supo más de Amelia Earhart y Fred Noonan. Amelia era una heroína nacional y Franklin D. Roosevelt, presidente de Estados Unidos, ordenó su búsqueda. La operación movilizó a más de 3000 personas, 65 aeronaves y 10 barcos, pero ni los pilotos ni el avión aparecieron. Después de 17 días en los que se gastaron 4 millones de dólares y el equipo de rescate inspeccionó 250 000 millas cuadradas de océano, el gobierno estadounidense tuvo que dar por concluida la operación.

La primera hipótesis para justificar su desaparición es que el avión se quedó sin combustible y se estrelló en el océano. Es la hipótesis oficial. Nauticos una empresa de Hanover, Maryland, especializada en búsquedas en las profundidades de los océanos, efectuó dos sondeos utilizando las últimas tecnologías sonar durante 2002 y 2006 cubriendo una extensa zona de 3100 kilómetros cuadrados. Después de gastar 4,5 millones de dólares sin encontrar nada, el director de la empresa, David Jourdan, sigue creyendo que “con todos los datos que obran en nuestro poder la única hipótesis verosímil es que el avión cayó al océano en las proximidades de la isla Howlland y que está ahora mismo, intacto, a unos cinco o seis mil metros debajo del agua”.

La segunda hipótesis es la de la conspiración, como suele ocurrir en todos los asuntos sin resolver. En realidad hay muchas variantes en torno a la conspiración: Amelia era una espía que dirigió su avión a las islas Marshall, los japoneses derribaron su aeronave y la capturaron o que fue abducida por alienígenas, son algunas de ellas. En 2003, el coronel retirado de la Fuerza Aérea estadounidense- Rollin Reineck- publicó un libro, Amelia Earhart sobrevivió, en el que cuenta cómo Amelia fue rescatada en secreto de una prisión japonesa y regresó a Estados Unidos después de la segunda guerra mundial. Earhart vivió en su país hasta su muerte, en 1982, con el seudónimo de Irene Bolam en New Jersey.

La tercera hipótesis la sostiene Ric Gillespie, fundador del Grupo Internacional para la Recuperación de Aviones Históricos (TIGHAR). Según los análisis hechos por este Grupo, al no encontrar la isla de Howell el Lockheed Electra siguió volando y consiguió efectuar un aterrizaje de emergencia sobre el atolón de Nikuramoro, de la República de Kiribati, que entonces se llamaba la isla Gardner y pertenecía al imperio Británico. Allí, los náufragos sobrevivieron un tiempo. Durante los primeros días, desde tierra, enviaron señales de radio. Estas señales fueron detectadas por los equipos de rescate que no lograron identificar con exactitud su procedencia. Una semana después del accidente tres aviones de la Marina estadounidense sobrevolaron la isla, pero ya no detectaron señales y el avión lo había arrastrado la marea por lo que no encontraron ningún vestigio del aparato. En la isla no había agua. Los náufragos subsistieron con la que recogieron de las lluvias. Se alimentaron de tortugas, almejas, cangrejos, peces y pájaros marinos. Amelia falleció en el sureste de la isla y de Noonan no se sabe nada. El avión lo arrastró el mar y sus restos tienen que estar en el fondo del mar, cerca de la parte oeste de la isla.

A lo largo de los últimos veintitrés años, TIGHAR ha llevado a cabo 10 expediciones a Nikuramoro para recabar datos que validen su hipótesis. Ha entrevistado a personas que vivieron en la isla años después. Ha podido verificar que, con anterioridad a 1939, se registró un accidente en el atolón de Nikuramoro. Parece que hubo dos náufragos, un hombre y una mujer, y en 1940 se encontró un esqueleto que se llevó a la Escuela de Medicina Central de Suva, Fiji, y que podía pertenecer a Earhart, pero no pudo encontrar más información sobre el mismo. En las dos primeras exploraciones, de los años 1989 y 1991, THIGAR halló utensilios, construidos por los isleños que habitaron Nikuramoro de 1939 a 1963, hechos con aluminio procedente de una aeronave. En sus exploraciones sucesivas al atolón encontró un área en el que hay restos de comida cocinada de un modo distinto a como lo harían los indígenas, así como sustancias que podrían proceder de productos cosméticos propios de una mujer de los años 1930. También recogió restos orgánicos y huesos que requieren análisis bastante complejos antes de que se pueda concluir nada.

Hasta hace muy poco tiempo, TIGHAR ha considerado que la evidencia más contundente de la veracidad de su hipótesis es el análisis hecho por Jeff Glickman- en 2010- de una fotografía tomada por el oficial británico Eric R. Bevington en octubre de 1937, tres meses después de que el avión de Earhart hiciese un supuesto aterrizaje forzoso en Nikumaroro. Bevington, formaba parte de la expedición de la Armada británica que visitó el atolón, durante tres días, para estudiar su habitabilidad. Sobre el agua y en la proa del barco hay una mancha en la fotografía que Glickman entiende que se corresponde con una pata del tren de aterrizaje del Lockheed Electra de Earhart. Es una mancha pequeña y muy difusa. Hace unos meses la organización anunció que ha encontrado imágenes sonar de la exploración del verano pasado, en la que utilizaron un vehículo submarino no tripulado para investigar el fondo de algo más de una milla de costa, cerca del lugar en donde estuvo la supuesta pata del tren de aterrizaje del Electra, en las que parece distinguirse una importante anomalía. Bien, eso quiere decir que en ese lugar hay algo distinto al resto de lo que hay en la pendiente submarina del atolón. Sea lo que sea, no se va a saber hasta que los investigadores vuelvan.

En este contexto de indicios la existencia de un reportaje aéreo de fotos del atolón Nikumaroro, hecho unos dieciocho meses después de que se perdiera el Electra de Amelia y su tripulación, sugiere la posibilidad de que muestre imágenes que resuelvan de una vez por todas una historia que parece no tener fin. Matthew O’Sullivan podía haber encontrado la respuesta a un misterio que lleva más de setenta y cinco años engendrando especulaciones, dentro de un bote de hojalata. También es posible que las fotos aporten algunos grises, blancos y negros, difuminados, que únicamente sirvan para alimentar una especulación cuyo final es posible que ya a nadie le interese.

No sólo es posible, sino muy probable.

de Francisco Escarti Publicado en Aviadoras

2 comentarios el “El misterio de la desaparición de Amelia Earhart

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