Pterosaurios: gigantes voladores

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Imagen artística de Quetzalcoatlus Northropi buscando alimento, de Mark Witton y Darren Naish

El libro del vuelo de las aves se encuentra disponible impreso y en edición electrónica, para localizarlo haga click en el siguiente enlace: libros de Francisco Escartí

 

Hay cuatro tipos de animales que son, o alguna vez fueron, capaces de volar: los pterosaurios, las aves, los murciélagos y los insectos invertebrados. Todos estos animales tienen brazos y piernas, como el hombre, y se sirven de los brazos para mover las alas con las que vuelan.

En el caso de los pterosaurios las manos terminan en cuatro dedos, los tres primeros son cortos y están delante del ala, acabados en garras, y el cuarto es muy largo, soportando el borde de ataque del ala, formada por una membrana que va del dedo al costado del cuerpo. Los murciélagos, que son los únicos mamíferos voladores tienen cinco dedos: un pulgar corto que les sirve de garra, un índice también corto que tensa la membrana en el borde de ataque, y los tres siguientes anular corazón y meñique, muy largos, dan la forma general al ala que puede adoptar geometrías muy variadas. En el caso de las aves el ala se sujeta- al menos en un 50%- entre el brazo y la mano, los dedos son cortos y la superficie del ala está hecha de plumas.

Los pterosaurios fueron parientes de los dinosaurios y vivieron unos 166 millones de años, desde finales del Triásico, durante todo el Jurásico superior y hasta finales del Cretácico inferior. Desaparecieron, por tanto, hace poco menos de unos cien millones de años. Los pterosaurios también se conocen como reptiles voladores. Los hubo de casi todos los tamaños, siendo los más grandes el Quetzalcoatlus y el Ornithocheirus cuya envergadura, o distancia entre punta y punta de las alas, podía alcanzar los 12 metros y cuyo peso oscilaba entre los 60 y los 100 kilogramos. Estas terribles bestias voladoras podrían haber servido para ilustrar las antiguas fábulas de carruajes arrastrados por pájaros, o servir de montura para alguno de sus héroes. La cabeza de uno de aquellos reptiles voladores medía del orden de 1,5 metros, poseía un pico largo y afilado o, en el caso del Ornithocheirus, una mandíbula con poderosos dientes. Por contra, el Quetzalcoatlus estaba mellado, pero con su largo pico y aún más largo cuello tenía la constitución idónea para limpiar de carroña los bosques poblados de dinosaurios. La mayor parte de aquellos reptiles voladores se alimentaban de peces y los más grandes podían cruzar con toda facilidad el joven océano Atlántico, que entonces apenas medía unos 300 kilómetros de costa a costa. La forma de las alas de aquellos bichos, que poseían una modesta cola, era relativamente cuadrada, con lo que su estabilidad en vuelo, puede decirse que era relativamente buena. La desaparición de estos animales voladores, aunque no está del todo clara, pudo deberse al impacto de un gran meteorito sobre la superficie terrestre hace unos sesenta y cinco millones de años. La existencia de iridio en cantidades anómalas y otros componentes en las capas de sedimentos correspondientes a esa época podrían avalarlo. La teoría del meteorito supone que el impacto produjo una inmensa nube de polvo que oscureció la tierra, durante al menos 6 meses, enfriándola hasta el punto de terminar con la vida de una gran cantidad de especies animales. Los más fanáticos defensores de esta teoría piensan que se trata de un fenómeno recurrente. Cada 60 o 70 millones de años, algún meteorito impacta sobre la corteza terrestre, produciendo este efecto, que sirve para renovar la vida. Sin embargo, no se ha identificado con exactitud qué cráter, de entre los muchos que se conocen, fue el del meteorito que acabó con los grandes reptiles voladores, por lo que otros piensan que el fenómeno del enfriamiento se produjo debido a una erupción volcánica en cadena que originó la misma polvareda en la atmósfera.

Parece que la capacidad de vuelo de los pterosaurios más avanzados no era tan primitiva como se creía. Sus huesos eran huecos de paredes muy delgadas, relativamente frágiles. El tejido de sus alas poseía una malla con nervios, músculos y capilares. De este modo, su sistema nervioso transmitía a al cerebro información sobre las fuerzas aerodinámicas en las distintas partes del ala. El animal podía adaptar la forma de las superficies sustentadoras al tipo de vuelo más adecuado, en cada momento.

Es una verdadera lástima el haber perdido aquellos fantásticos pajarracos, así que hoy únicamente nos quedan los murciélagos, los insectos y las aves.

4 comentarios el “Pterosaurios: gigantes voladores

  1. Este parrafo “Los murciélagos, que son los únicos mamíferos voladores tienen cuatro dedos, uno corto, como los pterosaurios y los otros tres largos y soportan unas membranas- las alas- que, gracias a estos tres dedos, pueden adoptar formas muy variadas” no es del todo correcto, los murciélagos tienen cinco dedos, no cuatro, no tienes mas que mirar fotos de murciélagos, tienen un pulgar corto que les sirve de garra, un indice también corto que tensa la membrana en el borde de ataque, y los tres siguientes anular corazón y meñiques muy largos que dan la forma general al ala.

  2. Por cierto te felicito por la gran pagina que tienes, me interesa todo lo relacionado con el vuelo, y he encontrado aquí información muy interesante y completa.

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