Ramón Franco y el complot de Tablada

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Al regreso de su exilio en París, el 16 de abril de 1931,el aviador Ramón Franco fue nombrado Jefe de la Aeronáutica Militar, por el ministro de la Guerra del Gobierno provisional de la recién instaurada II República, don Manuel Azaña. El cargo, apenas le duraría un par de meses.

El célebre aviador atraía los homenajes con una fuerza irresistible. El 11 de mayo, sus paisanos gallegos organizaron un espléndido banquete en el restaurante Casa Juan, de la Bombilla, al que acudieron más de 400 comensales, entre ellos, el fiscal general, Elola, el ministro Casares Quiroga, el gobernador civil de Madrid, Ortega y Gasset, representantes de la masonería, un obrero catalán que ostentaba la representación de Maciá y otro representante del agrarismo andaluz. Ramón habló a los postres y su discurso dijo que «deben desaparecer las castas y en Aeronáutica hay oficiales y soldados y eso no tiene razón de ser. Soportemos que no tengamos República, pero debemos ir a su conquista».[i]

Otro de los agasajos de aquellas jornadas de junio de que fue objeto, lo compartió con quien tuvo que enfrentarse días después en una situación bastante desagradable: el general Sanjurjo. El Aero Popular ofreció un agasajo a los dos ilustres militares y al aviador Álvarez Buylla, el domingo 14 de junio, que consistió en una comida en el restaurante el Pinar, en la Dehesa de la Villa. Fue la última vez que Ramón compartió mesa con el general Sanjurjo, que durante mucho tiempo había sido un gran admirador suyo. No pasaron muchos días antes de que el ministro de Gobernación, Maura, instara a Sanjurjo para que pusiera orden en un asunto en el que estaba implicado Ramón.

A mediados de junio, Balbontín invitó al jefe de la Aeronáutica Militar a que fuera a su casa para reunirse con Blas Infante. José Antonio Balbontín Gutiérrez, abogado defensor de perseguidos políticos y marginados sociales, había pertenecido al Partido Radical Socialista de Marcelino Domingo, pero en el congreso de mayo de 1931, debido a una serie de discrepancias, lo abandonó y fundó su propio grupo político. El otro personaje de la reunión, Blas Infante Pérez de Vargas, era notario de Coria del Río, en Sevilla, andalucista, presidente de la Junta Liberalista Andaluza, convertido al islam desde 1924 y propugnaba una España federal en la que Al-Andalus recuperase sus raíces y se integrara con un alto nivel de independencia en la Federación Ibérica. El notario le propuso a Ramón que se integrara con ellos en una candidatura revolucionaria de carácter andalucista y federal, para las elecciones a Cortes Constituyentes que se celebrarían a finales de junio. A dicha candidatura se uniría también un líder muy conocido del anarquismo: Pedro Vallina Martínez, más conocido como el doctor Vallina. Se trataba de un revolucionario con una larga experiencia como activista republicano, antimonárquico y anarquista. Tenía entonces 51 años, conocía en primera persona el encarcelamiento, el exilio y los destierros y formaba parte del núcleo de personas que estaba tras casi todas las insurrecciones, huelgas y magnicidios que se fraguaron en España durante muchos años. En junio de 1931 vivía en Alcalá de Guadaira, cerca de Sevilla y era el presidente del Pleno Nacional de Regionales de la CNT. Sin embargo, el líder anarquista nunca llegó a formar parte de la candidatura andalucista.

En la reunión, o en posteriores encuentros, Ramón consiguió añadir al trío de la candidatura que formaba con Balbontín y Blas Infante a dos personas de su absoluta confianza, Pablo Rada y Antonio Rexach, y el notario agregó a la lista a Pascual Carrión, ingeniero agrónomo. La candidatura que formaron aquellos variopintos personajes se configuró bajo las siglas del partido Republicano Revolucionario Federal Andaluz. Todos luchaban contra los partidos incluidos en el pacto republicano de San Sebastián, del 17 de agosto de 1930, y pretendían construir una alternativa extremista capaz de impulsar un cambio profundo en la sociedad que, según ellos, jamás llegaría de la mano de la clase de República que se había instaurado en España.

Cada día, Ramón se consideraba más desligado del Gobierno provisional. Tenía la intuición de que iba a durar poco en el cargo. Pastor despachaba con asiduidad con el ministro de la Guerra y muchas decisiones que concernían a la Aviación se tomaban sin que apenas se las consultaran. Aun así y todo Ramón sentía cierto aprecio por Azaña, sin que éste sentimiento fuera correspondido ya que al político le preocupaba el atrevimiento del aviador. El ministro del Interior, Maura deseaba, a toda costa, que se pudiesen celebrar las elecciones sin alteraciones del orden público y tampoco tenía ninguna devoción por Ramón, sobre todo desde la quema de conventos del mes de mayo en los que sabía que Rada estuvo implicado y el comandante siempre se hallaba cerca del lugar por donde se movía el mecánico. A Maura le llegaban noticias de los descontentos del aeródromo de Tablada, y a través de sus informadores de los pasos que daba Ramón Franco, de sus intervenciones públicas radicales, de sus guiños con los andalucistas y los anarquistas, de su proximidad a Maciá y de sus arengas a los obreros. Eran como una sinfonía de exabruptos, populistas, incoherentes, con los que cabía pensar que al comandante le sobraba espontaneidad, era un ingenuo o estaba en el centro de alguna conspiración. Esta última teoría fue tomando forma, ayudada por las idas y venidas de su mano derecha, el fiel Pablo Rada, que parecía encontrarse en disposición permanente para organizar, él solo, la revolución.

El 19 de junio, El Liberal, publicó la candidatura del Partido Republicano Revolucionario Andalucista en la que figuraban los siguientes candidatos: Ramón Franco, Antonio Rexach, Pablo Rada, Blas Infante, Pascual Carrión y José Antonio Balbontín. A estos se añadirían el doctor Enrique Castells y el juez de Alcalá de Henares, Ignacio Infante Pérez. Ese mismo día, Ramón salió para Barcelona y autorizó el uso de un trimotor militar para el transporte a Sevilla de toda la propaganda electoral que habían hecho para la campaña de su candidatura en Andalucía, porque no cabía en la avioneta particular que le había prestado a Rexach su amigo Gonzalo Sebastián.

En el trimotor, el 21 de junio, también fueron a Sevilla, Pablo Rada, Castells y algunos militares.[ii] Antes de que este avión aterrizara en Tablada, se presentó en el aeródromo para recibir a los viajeros el doctor Vallina y el jefe de la base, teniente coronel Camacho, que sabía que era amigo de Ramón, estuvo enseñándole la base aérea lo que, a juicio de algunos oficiales que se mostraron descorteses con el invitado, constituía una falta grave. La presencia de Rada tampoco fue muy valorada por la mayoría de la oficialidad, ya que coincidió con un rancho en bastante malas condiciones que la tropa se negó a tomar, actitud con la que el mecánico se solidarizó.

El 21 de junio comenzó el periodo electoral y Ramón llegó a Tablada sobre las 17:30 horas, procedente de Barcelona. Le esperaban sus compañeros electorales y del aeropuerto se dirigió a Sevilla en donde se entrevistó unos segundos con el jefe de la base, teniente coronel Camacho, que aprovechó para rogarle que le prohibiese a Pablo Rada entrar en el aeródromo, a fin de suavizar los ánimos de la oficialidad, tan crispados. Ramón le pidió a su amigo que se abstuviera de hacerlo. El aviador se hospedó en el hotel Terminus y fue a cenar a la Venta de Eritaña para acudir después a la cita que tenían con el doctor Vallina en Alcalá de Guadaira. Esa noche, Ramón Franco, en el restaurante, hizo unas declaraciones a la prensa en las que expuso el programa político de su candidatura, de la que forman parte las siguientes aseveraciones:[iii]

«Mis propósitos- contestó Franco- son recoger el ambiente revolucionario de España que se muestra potente y conviene no desatender…Me propongo realizar una campaña completamente revolucionaria con relación a todos los extremos de la vida del país, cuestiones sociales, políticas, económicas, de enseñanza, militares y, en fin, de todo lo que España anhela y no se le da…

«Considero precisa una nueva estructuración de Andalucía y en el programa del partido republicano revolucionario propugnamos desde luego la República de Andalucía autónoma libre…En nuestro programa exponemos nuestra ideología, que es así: autonomía de Andalucía, República federal, abolición completa de los latifundios, distribución en porciones permanentes y en completa posesión de la tierra entre los obreros, abolición del salario, convirtiendo al obrero en industrial o mercantil, en accionista de la empresa, escuela y enseñanza agrícola. Nos declaramos librecambistas en relación con los artículos útiles y partidarios de una política desgravadora de los presupuestos, justicia civil arbitral, libertad absoluta de enseñanza, castigo a la vagancia; libertad absoluta de pensamiento, libertad absoluta de cultos y separación de la Iglesia y el Estado, y, en fin, otros muchos puntos que daremos a conocer en el manifiesto que, como digo, publicaremos inmediatamente»…

Después de revelar al periodista las líneas generales y revolucionarias de su candidatura, Ramón siguió la charla con sus compañeros un largo rato antes de desplazarse para acudir a la cita que tenían con el doctor Vallina en Alcalá de Guadaira. El anarquista se retrasó y la conversación con él apenas duró unos minutos, casi al amanecer.

Tras el breve encuentro con Vallina, Ramón regresó a Tablada para volar a Madrid, donde quería entrevistarse con el ministro, el 22 de junio, para despachar algunos asuntos urgentes. En la base le esperaba Rexach que ya tenía el avión preparado. El vuelo, con mal tiempo fue muy molesto y además en Madrid no consiguió despachar con el ministro por lo que decidió volar a Barcelona para asistir, aquella misma noche, a un mitin de Esquerra en la plaza de toros. En este segundo vuelo, le acompañó su ayudante, Valle, en otro avión, y el de Ramón se averió lo que le obligó a efectuar un aterrizaje forzoso en los márgenes de la laguna de Gallocanta. Allí dejó que Valle se hiciera cargo del aparato y con la aeronave de su ayudante prosiguió el vuelo hasta Barcelona. En la Monumental, Maciá cerró las intervenciones pero antes, uno de los que dirigieron la palabra al numeroso público que abarrotaba la plaza de toros fue Ramón Franco. Dijo que no quería una República como la portuguesa, tirana, y que actualmente era una dictadura. Pidió unas elecciones sinceras. Afirmó que, si no fueran sinceras y honradas, ellos constituirían el Parlamento en Convención para juzgar a los miembros del Gobierno provisional con mayor severidad, si cabe, que a los ministros de la Monarquía.

Mientras Ramón hacía propaganda electoral en Barcelona, en Tablada los ánimos de parte de la oficialidad se crispaban.

El 22 de junio, el teniente Martínez y el alférez Rico, se enteraron que el día anterior Rada había estado en la base hablando con la tropa: «No hacerles caso a esos (se refería a los sargentos y oficiales) contamos con vosotros igual que con la incondicionalidad de las Tropas de Cuatro Vientos y Getafe».[iv] Ese día un cabo avisó al sargento Puerto, que estaba de cocina, que la tropa había exteriorizado su disgusto por la comida. La protesta fue en aumento hasta el punto de que los soldados se negaron a tomar un rancho que, al parecer, no estaba en muy buenas condiciones y tuvo que intervenir el jefe de la base, Camacho.

A la mañana del día siguiente, 23 de junio, Ramón regresó a Madrid desde Barcelona, con la idea de ver al ministro, cosa que tampoco consiguió.

El 24 de junio, miércoles, a mediodía Ramón volvió a Sevilla. No tenía intención de pasar más tiempo del imprescindible en aquella ciudad porque —según escribe el propio aviador en su libro Decíamos ayer― «antes del viaje estuve en la estación del Mediodía recibiendo a persona de todo mi afecto, que había venido desde Barcelona a pasar unos días conmigo, por cuya razón mi estancia en Sevilla había de ser los más corta posible». Esta es la primera vez que Ramón hace referencia a un misterioso personaje que quizá fuera una mujer.

Nada más llegar a Sevilla, el jefe de la base le pidió que hablara con los oficiales que estaban muy excitados debido a una serie de incidentes provocados por las comidas y las malas condiciones de un rancho; Ramón le respondió que los citara al día siguiente a las 10:00 horas.

Ese mismo día, Camacho ordenó que se trasladaran a la base, desde la Maestranza de Artillería, 500 bombas de aviación, con sus espoletas y detonadores. Ramón, durante el viaje que había hecho el mes anterior le pidió al capitán general dicho armamento, y el teniente coronel se aprestó a cumplir con el deseo de su jefe, que no había podido atender con anterioridad debido a una serie de obras de fontanería que se hicieron en el polvorín.

Del aeródromo, tras posponer la reunión con los oficiales para el día siguiente, Ramón salió hacia los pueblos en los que tenían organizados los actos electorales. Estuvo en Mairena, Viso del Alcor, Carmona y La Campana. En este último pueblo les dijeron que el gobernador había prohibido el acto de Lora del Río, en donde tenían el local pagado. De camino, la Guardia Civil intentó detenerlos, pero Ramón hizo valer su condición de director general de Aeronáutica y los dejaron pasar. Llegaron a Lora y la gente abrió por la fuerza las puertas del teatro, celebraron el acto y ya al final cuando la muchedumbre los aplaudía, justo en el lugar donde se encontraba Ramón, se desplomó el entablado del escenario y cayeron al foso, bastante profundo, el comandante y cinco personas más que lo rodeaban.

Rada estaba como siempre, muy cerca de Ramón y atento a lo que ocurría. Fue el primero en prestarle auxilio. Se lo llevaron en brazos a un hospital próximo y le hicieron una cura de urgencia para trasladarlo a Sevilla entablillado. Se había roto la tibia y el peroné de la pierna derecha en su tercio inferior. El más grave, con rotura de la rótula y el calcáneo fue un amigo de Antonio Rexach que los acompañaba y no formaba parte de la candidatura: el comandante Juan Galán. Los otros cuatro heridos sufrieron magulladuras sin excesiva importancia.

El 25 de junio, jueves, el aviador se encontraba incómodo, con mucho calor y le pidió al médico que lo dejara regresar a Madrid, pero este le recomendó que se abstuviera de hacer el viaje para darle tiempo a que le escayolase la pierna; sus compañeros de candidatura también insistieron en que permaneciese en Sevilla hasta que se celebraran las elecciones. En cuanto se conoció en Tetuán, la noticia de que el comandante Franco había sufrido un accidente, el jefe de la Escuadra de Marruecos, Luis Romero, muy amigo de Ramón, envió un telegrama a la base de Tablada para solicitar noticias del herido. La respuesta de Camacho le llegó a las 13:30: «Franco, pierna fracturada, me dice si puedes pide permiso, quiere hablarte». Romero solicitó autorización al general Cabanellas, jefe de las fuerzas en Marruecos, lo obtuvo inmediatamente y a las 16:30 despegaba del aeródromo de Sania Ramel. Mientras estuvo en Tablada, Romero no se despegó de la cama en donde estaba postrado Ramón, para cuidar a su amigo, hasta el día 27.

El 25 de junio, también llegó a Sevilla en avión, Carmen, la esposa de Ramón[v].

El comandante Pastor llamó a Ramón por teléfono, muy alarmado, para ponerlo al día de los informes que le llegaban de Sevilla relacionados con el incidente de la tropa, que había protestado por el estado del rancho de la semana anterior.

Durante aquellos días, al menos dos avionetas habían volado otras veces, lanzando proclamas con un lema pintado bajo las alas: «Viva Andalucía libre». El jueves Antonio Rexach, haciendo caso omiso a la prohibición gubernamental de lanzar desde el aire publicidad electoral, sembró pueblos y tierras de labor, en los alrededores de Sevilla, con proclamas en las que se podía leer el siguiente texto:

« ¡Jornaleros andaluces! Venimos a daros la tierra y a restituiros con ella el rango de pueblo más culto de Europa, que vuestros antepasados hubieron de ostentar, pueblo hoy convertido en bufón por la esclavitud del mismo que vino a hacer el latifundio. Tenemos leyes ya elaboradas por técnicos y políticos, que os proporcionarán la tierra, el dinero y los medios de cultivarla. Votad porque la República sea el nombre de una verdadera revolución que venga a haceros justicia».

Ese día, 25 de junio, también se publicó en la prensa una síntesis del programa de los Republicanos Revolucionarios Federalistas Andaluces, que incluía 17 puntos, casi todos ya los había anticipado Ramón Franco, salvo tres de ellos: libertad civil de la mujer, la delegación en el Estado Andaluz del Protectorado de Marruecos y la relación con los pueblos de Oriente.

Ramón autorizó a su secretario, Mario Páramo, a que se desplazase a Ceuta, adonde deseaba ir desde hacía tiempo por motivos personales. En el viaje le acompañó su ayudante, Valle, y nada más llegar a la ciudad marroquí fueron detenidos.

A través de una agencia de noticias periodística, Ramón se enteró el viernes 26 de junio, de su destitución y de la inminente llegada en avión del general Sanjurjo, enviado del Gobierno a Sevilla con plenos poderes. Rexach también había sido destituido de su puesto como representante del Gobierno en la Compañía de Líneas Aéreas Subvencionadas.

Tras dos meses y diez días de mandato, Ramón Franco perdía su cargo de máximo responsable de la Aeronáutica Militar española. Su antiguo jefe de Marruecos, con quién había sobrevolado muchas veces las ásperas tierras donde se refugiaban los guerreros de Abd el Krim, quien fue a despedirlo cuando emprendió su fracasado viaje a Nueva York, la persona con la que había compartido hacía unos días un homenaje en un restaurante madrileño, volaba hacia Sevilla con órdenes de un Gobierno que definitivamente le había dado la espalda. Ramón sabía que su destitución iba a ocurrir, pero no podía imaginarse que sucedería en un momento en el que se encontraba derrumbado en un camastro y muy dolorido.

En Tablada, la tropa andaba muy revuelta y los oficiales más conservadores estaban indignados y temerosos de que la situación escapara a su control. Uno de esos días, el cabo Ponce tuvo una reunión en la biblioteca para indicar a los asistentes que él defendería las ideas del comandante Franco y empezó a elaborar una lista de soldados que mostraban su apoyo al jefe. El día 26, el cabo Donato Lazo Delgado, al tener noticia de que circulaba esta relación, se le ocurrió hacer una más «poniendo en el encabezamiento de ella Relación de cabos y soldados que hacen adhesión a su glorioso héroe Jefe de Aeronáutica don Ramón Franco Bahamonde, firmándola el primero el que declara y a continuación y por indicación de éste el cabo Emiliano Martí y a continuación varios soldados de la compañía, como veinte, no habiendo recogido más firmas por tener la seguridad de la conformidad de toda la base y querer el que declara que fuese cosa sola de su Compañía».[vi]

El viernes 26, el teniente coronel Camacho, recibió al capitán Modesto Aguilera que le solicitó permiso para desplazarse a Madrid, por motivos particulares. El jefe de la base le dio la correspondiente autorización, incluso con el encargo de que efectuara algunas gestiones. Lo que desconocía era que Aguilera se había reunido con los capitanes Del Val, Carrillo y otros oficiales, sin su autorización, y en la entrevista acordaron que Aguilera fuera a Madrid a dar cuenta de lo que a su juicio ocurría en la base. No fue el único oficial destacado en Sevilla que se desplazó a Madrid para informar sobre el extraño ambiente que se había generado en Tablada con las arengas a la tropa y suboficiales del comandante Ramón Franco, la presencia de Rada, los vuelos publicitarios de las avionetas y la campaña electoral del aviador y los políticos de su candidatura. El capitán Francisco Carrillo Durán, sin dar cuenta de ello al capitán general de Sevilla, ya había viajado a Madrid para alertar al mando de aquellos sucesos. Los emisarios que se trasladaron a la capital militaban ideológicamente en posiciones de derechas, según Camacho estaban acostumbrados a codearse con las clases adineradas de la ciudad y temían que se desencadenara un movimiento revolucionario entre los soldados, los obreros y los campesinos.

A largo de los días 25 y 26 se produjo un trasiego importante de aeronaves militares en el aeródromo. Siete Breguet XIX, procedentes de Tetuán, aterrizaron a las 07:15 horas e hicieron una escala de aproximadamente una hora en Tablada antes de seguir en vuelo hacia Getafe. Entre los pilotos se encontraba el capitán La Roquette. También aterrizaron en Sevilla cuatro aviones que llegaron de Madrid y uno de Granada.[vii]

Sanjurjo llegó en avión a última hora de la tarde del día 26. No se detuvo a visitar al aviador convaleciente sino que fue directamente en automóvil a Sevilla para entrevistarse con el gobernador civil, Montaner, y el general inspector de la Guardia Civil, en el hotel Majestic; después se dirigió a Capitanía para cenar con el capitán general Ruiz Trillo.[viii] Nada más llegar se le presentó una comisión en la que figuraban el comandante Tomás Barrón, los capitanes Del Val, Alorda y Hernando que se pusieron a su disposición.

Por la noche, Ramón envió a Luis Romero y a Camacho para que convencieran a Sanjurjo de que en la base no ocurría nada. El general los recibió por separado y los dos trataron de llevar al ánimo de Sanjurjo que la base estaba bajo control y que los oficiales monárquicos de Tablada habían distorsionado los acontecimientos. Romero insistió en que él había acudido a Sevilla desde Tetuán, para cuidar a su amigo, que mientras estuviera allí le garantizaba que no pasaría absolutamente nada y además le comentó que como la base estaba en una isla, con levantar el puente la podía dejar incomunicada.

De madrugada, Ramón envió un telegrama al ministro:

«Ministro de la Guerra- Madrid.- Sevilla 815, 28. 1 hora.- Lamento inoportuna llegada del General Sanjurjo envenenando cuestiones pasando por salvador de República y produciendo alarma insospechada. Su conducta puede traer complicaciones graves. RAMÓN FRANCO».[ix]

El sábado 27, por la mañana, los médicos anestesiaron a Ramón con cloroformo para reducirle la fractura; el aviador pasó varias horas sin conocimiento y cuando lo recuperó tuvo fuertes dolores. Romero permaneció todo el tiempo junto a su amigo y después de la intervención, sobre las 13:30 horas recibió una llamada de Sanjurjo para que fuera a comer en Capitanía.

Mientras Ramón sufría estos padecimientos, un sargento, muy alarmado, se entrevistó con el capitán Antonio Rueda para informarle que «se estaba preparado un movimiento de levantamiento en el cual estaban ya los soldados de la Escuadra, y que habían intentado ya esta misma mañana del día 27 efectuar el levantamiento contra los oficiales pero que él había conseguido detenerlos haciéndoles un llamamiento al sentido común y a la cordura»[x].El capitán Rueda pidió al sargento que denunciara a los oficiales que estuvieran detrás de la sedición y el suboficial le indicó que se trataba del comandante Luis Romero Basart, lo que el oficial puso en conocimiento de sus superiores.

El 27 de junio, en Tablada, también estaban los pilotos de Tetuán que regresaban de Getafe y habían hecho escala en Sevilla. La tensión entre los oficiales afines al comandante Franco y sus detractores era evidente. La crispación llegó a tal punto de que al mediodía se produjo un incidente que pudo haber tenido consecuencias desastrosas. En el pabellón de oficiales se oyeron una serie de detonaciones que provocó que uno de los allí presentes diera el grito de « ¡A las armas!». Pistola en mano, el capitán Carrillo se fue directo al Cuerpo de Guardia mientras otros reclamaban las carabinas y preguntaban « ¿Qué pasa?». La respuesta que les dieron algunos soldados, boquiabiertos al contemplar el espectáculo era «nada, no pasa nada». Un automóvil con el motor fuera de punto que circulaba por la pista había provocado aquellas explosiones.

Poco después de que Ramón fuera intervenido, sobre las 13:30, Romero recibió la invitación de Sanjurjo para que fuera a comer a Capitanía, donde se encontró también con el teniente coronel Camacho. Durante el almuerzo los dos trataron de convencer a Sanjurjo de que «todos los rumores no eran más que bulos y temores fingidos». Sin embargo, a Romero le notificaron de modo oficial que le habían puesto una denuncia sus compañeros. Sobre las 18:00 horas, cuando aún estaba en Capitanía le comunicaron que el general Cabanellas había enviado una orden para que regresara a Tetuán. Llamó a la base para que le preparasen el avión y en cuanto llegó a Tablada recibió instrucciones de volver a Capitanía donde le esperaba un juez instructor para tomarle declaración. A Romero le sorprendió que alrededor de las 20:30 horas dos jefes de la Guardia Civil lo detuvieran. Camacho fue también arrestado al mismo tiempo.

Ese día, alguien envió un aviso a Sanjurjo de que los aviones de la base iban a despegar para bombardear la ciudad de Sevilla. El general dispuso a la Artillería para hacer fuego sobre la base y alrededor de las cinco de la tarde hizo que una columna del Regimiento de Soria se paseara por el centro de la ciudad.

La Guardia Civil rodeó el aeródromo, entró en la base, desarmó a la tropa, practicó un registro y se llevó detenidos a seis cabos y veinte soldados. Se ordenó que se concentraran las aeronaves y se recogieron todos los cerrojos de los fusiles y de las espoletas de las bombas que se encontraban en el polvorín. El comandante Barrón, destituido por Ramón Franco, fue nombrado jefe de la base de Tablada y al tomar posesión, siguiendo las instrucciones de Sanjurjo, mandó incomunicar a Ramón, ordenó que registraran sus ropas y detuvo a Vallés. Sin embargo, Pablo Rada, por la noche logró burlar la guardia, gracias a la colaboración de algunos soldados, y Ramón le aconsejó que no participase en el último mitin electoral y que abandonara Sevilla. Le entregó mensajes para Maura, Galarza, Alcalá Zamora y Azaña, que había escrito el día anterior, en los que les advertía de los peligros asociados a la intervención del general Sanjurjo.

Aquella noche hubo más disturbios en Tablada. Un grupo de cabos y soldados fueron a ver al comandante Barrón para pedir la liberación de sus compañeros que habían sido detenidos hacía unas horas. El nuevo jefe trató de contemporizar con ellos, pero al día siguiente todos se enteraron de que los detenidos fueron trasladados a la prisión del castillo de Santa Catalina, en Cádiz.

En la noche del sábado al domingo 28, a la una y media de la madrugada, el ministro de Gobernación, Miguel Maura, hizo pública una nota que se publicó en la prensa el día 28, coincidiendo con las elecciones, en la que explicaba lo que había ocurrido en Sevilla[xi]. En dicha nota, Maura se refiere a «un intento de perturbación, bajo la dirección de los amigos del comandante Franco», según la cual «campesinos afiliados a la Confederación y elementos que se dicen comunistas» entrarían en Sevilla mientras sobre la ciudad sobrevolaban aparatos lanzando proclamas amenazadoras contra la ciudad si las autoridades intentaban resistirse. Su intención era la de proclamar el Estado libre de Andalucía. Maura no podía implicar directamente al comandante Franco, pero daba por supuesto que estaba totalmente involucrado en aquel complot de Tablada que Sanjurjo había desarticulado a tiempo.

En aquellas elecciones, Maciá había incluido a Ramón Franco en la candidatura de Esquerra Republicana de Barcelona. El aviador se presentaba por Sevilla y por la capital catalana. Surgieron voces en Esquerra, en Barcelona, para que se excluyera a Ramón de la candidatura del partido si los rumores de su participación en un frustrado golpe de Estado en Andalucía eran ciertos. Carlos Esplá, que entonces ocupaba el puesto de gobernador civil de Cataluña, recibió un requerimiento de Esquerra para que se le aclarase el papel de Ramón Franco en aquellos acontecimientos y después de consultar con el ministro Maura, informó al partido separatista catalán de que no existían pruebas que implicaran directamente al aviador en los mismos. Tras las explicaciones del gobernador civil, Maciá decidió mantener la candidatura de Ramón en la lista de Esquerra. A lo largo de esos días, el líder catalán habló varias veces por teléfono con el héroe del Plus Ultra, para interesarse por su salud.

El domingo, 28 de junio, día de las elecciones, por la mañana aislaron a Ramón, despidieron a la enfermera que lo atendía, ordenaron a su esposa que abandonara su cuarto, cortaron el teléfono que hasta ese momento había sido intervenido y colocaron un centinela armado en la entrada de la habitación para que no dejara pasar a nadie. Ese mismo día se celebraron las elecciones generales en las que, por muy pocos votos, Ramón conseguiría un escaño.

También, el domingo, Pablo Rada y Carmen, la esposa de Ramón, salieron por la noche, en automóvil, hacia Madrid. Ramón le dijo a Pablo que se escondiera en su casa de la Guindalera hasta que las primeras Cortes de la República concedieran una amnistía general, como era previsible, o consiguiese un acta de diputado.

Al día siguiente Maura hablaba con la prensa acerca de las fracasadas conversaciones de Ramón Franco con la CNT en Barcelona y de sus éxitos con los elementos sindicalistas andaluces. Dijo que, según el plan previsto, desde Tablada el comandante Franco marcharía al frente de una columna sobre Sevilla mientras el doctor Vallina con una masa de obreros, armada, también caería sobre la ciudad. Cuando se adueñasen de la capital andaluza proclamarían la República social y Estado Libre de Andalucía, conquistaría primero el resto de Andalucía y después marcharía sobre Madrid.[xii]

Al amanecer, el lunes 29 de junio, Ramón fue informado de que quedaba libre y pidió que lo trasladasen a Madrid en el primer vuelo comercial. El nuevo jefe del aeródromo, comandante Barrón, le acompañó hasta la aeronave y a los oficiales y la tropa no se les permitió que se acercaran. El comandante Pastor, que en la recién estrenada organización desempeñaba las funciones de Ramón en su antiguo puesto, se había desplazado a Tablada y se acercó a su anterior jefe para saludarlo y ―según cuenta el propio Ramón— ofrecerse a eliminar cualquier documento comprometedor que llevara consigo, algo que molestó al enfermo porque no podía imaginarse que Pastor creyera que no había sido registrado. El viaje en avión le resultó cómodo, pero no así el desplazamiento en la ambulancia que lo llevó de Getafe al hospital militar. Allí le hicieron un mal vendaje lo que provocó que la soldadura de los huesos fuera defectuosa sin que dos meses más tarde, cuando le quitaron la escayola, se diesen cuenta, al no efectuarle ninguna radiografía. Tres meses después resbaló y la fractura se reprodujo. Esta vez, fue atendido en Barcelona, en la clínica del doctor Trías, donde pudieron corregirle la desviación y escayolarlo de nuevo para que la pierna curase.

Nada más llegar Ramón al hospital militar de Carabanchel, en Madrid, hizo varias manifestaciones públicas en el sentido de que todas las acusaciones de Maura no tenían ningún fundamento y tan solo pretendían desprestigiarlo para restar votos a su candidatura. El aviador dijo que pensaba querellarse contra el ministro.

El 30 de junio el comandante Romero fue liberado, sin cargos, y el teniente coronel Camacho también, aunque sujeto a las derivaciones de las diligencias que se estaban practicando en ese momento. La Guardia Civil había dado orden de detención contra Pablo Rada, desaparecido al igual que la esposa del comandante Franco. Las investigaciones apuntaban al mecánico de Ramón como el principal cabecilla de un movimiento de sargentos que confundió a decenas de soldados y no logró suficiente apoyo por parte de la oficialidad. Según Maura, los armeros tuvieron que quitar las espoletas a unas 600 bombas que los conjurados habían montado. Ese día, Sanjurjo declaró: «parece comprobado que el inductor de los incidentes ocurridos en Tablada ha sido el mecánico del Plus Ultra, Pablo Rada».

Ramón, tranquilo y sereno, en la cama del hospital se enfrentaba a muchos días de inmovilización y no daba crédito a la confabulación que le atribuían: «pero si los comunistas de Sevilla estaban en contra nuestra…». El aviador manifestó que sospechaba que el accidente de Lora del Río no había sido fortuito. El hundimiento se produjo sin un crujido, de forma abrupta, y varios días antes el piso había sido examinado sin que se encontrara nada anormal; además, el día anterior el escenario se sostuvo con más de cien personas mientras que cuando se derrumbó apenas habría una docena.

El primero de julio, Ramón recibió una carta de Blas Infante que le decía:

«El vecino de esta ciudad —Sevilla―, don Francisco Martínez, comisionista, ha venido a denunciarnos que un vecino de Lora, al cual pensamos ver esta tarde en dicha villa, le ha comunicado lo siguiente: “Que conoce a los tres individuos que amarraron un eje del tablado para tirar de él en el momento propicio, a fin de producir el hundimiento del escenario”. En vista de esta noticia se encuentran a esta hora en este despacho, el denunciante, y otros amigos, esperando que venga Balbontín, para salir juntos hacia Lora, a ver si podemos llegar a comprobar la denuncia».

A lo largo del mes de julio, las declaraciones hechas por Maura suscitaron una fuerte reacción por parte de los candidatos andalucistas que amenazaron con querellarse contra el ministro y pidieron públicamente al presidente del Gobierno provisional, Alcalá Zamora, que los metiese en la cárcel si tenía pruebas de las acusaciones o, en su defecto, anulara las elecciones del día 28 en Sevilla; a su juicio, el descrédito que se les infligió con las declaraciones del ministro de la Gobernación influyó negativamente en el resultado de las mismas y candidatos como Ramón Franco y Pablo Rada fueron privados, de forma inexplicable, de su derecho a proseguir con normalidad la campaña electoral. Los andalucistas tildaron de «cinedrama electorero» lo que consideraban que fueron las declaraciones de Maura y el ministro se defendió públicamente: «cualquiera que me conozca reconocerá que no son exactas las afirmaciones que hace (Ramón Franco) con respecto a presuntos manejos electorales que yo realizaba desde el Ministerio…Y respecto a la amenaza que el comandante Ramón Franco me hace en sus declaraciones he de contestarle que para tener el valor personal necesario para atenderla no es preciso haber volado en el Plus Ultra».[xiii]

El teniente coronel Camacho publicó el 7 de julio en el Heraldo de Madrid un escrito en el que se defendía de las imputaciones que se le hacían y en diez puntos explicaba lo ocurrido en la base. A su juicio, no hubo ningún intento de rebelión y sí una conspiración de oficiales y jefes contra el comandante Franco. Camacho expresó su malestar porque muchos de aquellos oficiales que propagaron la absurda idea de una revuelta, hasta su nombramiento como jefe de la base, llevaban una existencia muy cómoda, sin apenas hacer nada, y él los había obligado a trabajar, aunque no en exceso. Su escrito le valió que le incoaran otro expediente porque los militares consideraron que su forma de protesta era inapropiada en el ámbito castrense. Este expediente se cerró en mayo de 1932 al no probarse que las cuartillas que se enviaron al periódico las hubiera escrito el teniente coronel.

Dos días después de la publicación del documento de Camacho, el 9 de julio Ramón abandonó el hospital de Carabanchel y se trasladó a su domicilio. Allí declaró que la base de Tablada se había convertido en un cortijo monárquico y que estaba a disposición del ministro de la Guerra para informarle con detalle sobre aquel asunto.

Pablo Rada había desaparecido. El padre de su esposa y ella misma denunciaron al director general de Seguridad que junto con el mecánico también habría desaparecido su hijo mayor de tres años. Y es que Pablo andaba oculto, al parecer con uno de sus vástagos. En medio de aquellos enredos, que siempre acompañaban al mecánico, un periodista del Heraldo, Miguel Pérez Ferrero, recibió la llamada de su amigo, Carlos Castillo, abogado de la CNT y de Pablo Rada. Por mediación suya consiguió entrevistarse con Rada y pudo ver al muchacho, a la luz de una cerilla: estaba bien. Rada le dijo que en Tablada no habían intentado sublevarse, aunque todo fue muy «cinematográfico». En cuanto a la supuesta desaparición de su hijo explicó que el año anterior tuvo un accidente de moto y que su mujer se valió de su inmovilidad. Le hicieron la vida imposible en su casa y cuando la abandonó todos le llevaban noticias de que su hijo «ya iba aprendiendo a odiarle». Entonces mandó a Castillo, el abogado, y su hermano Tomás para que recogieran al pequeño, lo que hicieron con bastantes dificultades, pero de forma legal. Rada y la mujer del comandante Franco los esperaban en una estación próxima. El abogado, Castillo, dijo: «Han estado todo el tiempo sin preguntar por él. Pero ahora la hábil clerigalla navarra ha querido arrojar cieno sobre la persona de Rada. Es una maniobra y nada más.»[xiv]

El 17 de julio fue detenido Pablo Rada por dos agentes, llevaba una pistola, dos cargadores, catorce balas y dos pasaportes, uno de la República Oriental del Uruguay y el otro español. Lo apresaron cuando se dirigía a la casa de Ramón en la Guindalera y para el aviador se trataba de una detención provocada por el mecánico que estaba harto de andar escondido. Antes de enviarlo a Sevilla le impusieron una multa de 250 pesetas por carecer de licencia para el uso de armas. Ramón Franco, Mario Páramo y Luis Romero lo visitaron en la cárcel. Después, Ramón fue a ver al director de Seguridad, Galarza, para pedirle que dejase libre a Rada, de quien se hacía directamente responsable. Ángel Galarza le contestó que no podía hacerlo porque su situación dependía de un juez militar en Sevilla que tramitaba la denuncia.

El gran debate de lo que ocurrió en Tablada se produjo en el Parlamento el 20 de julio y las intervenciones revelaron a Ramón la existencia de un mundo para el que no estaba preparado y carecía de las aptitudes necesarias para ganar en él complicadas batallas. Era el mundo del debate parlamentario, de la política y de la oratoria. Ramón Franco consiguió ser elegido en Barcelona en la candidatura de Esquerra y también en Sevilla en la del Partido Republicano Revolucionario Andalucista. Renunció a esta última y se quedó con la catalana, pero no se integró en el grupo de Esquerra sino en otro más reducido de diputados independientes. El 20 de julio, Ramón intervino para solicitar la impugnación del dictamen en el que se proponía la aprobación de las actas de diputados en las circunscripciones de Sevilla, porque las elecciones se habían realizado con tropas en la calle. El aviador afirmó que lo ocurrido en Lora del Río no fue más que un atentado contra su persona y después arremetió contra Maura, autor del infundio de que pretendía bombardear la ciudad; a mayor abundancia, Ramón habló de falsedad en los recuentos. Respondieron a las intervenciones del comandante, García Bravo-Ferrer en nombre de la comisión de actas que negó las imputaciones, a continuación habló Martínez Barrios, diputado por Sevilla, que desvirtuó las acusaciones del aviador y en tercer lugar intervino el propio Miguel Maura. En primer lugar, Maura trató de desacreditar el contenido de las proclamas y discursos de la candidatura andalucista y después acusó a Ramón Franco de haber hecho un uso ilegítimo de las instalaciones de la base de Tablada, convertida en un centro electoral revolucionario. Criticó que Rada se instalara en el aeródromo, durante ocho días en los que se dedicó a «introducir la indisciplina, de tal forma que los oficiales tenían que dormir con la pistola debajo de la almohada, porque allí nadie sabe respetar a nadie». Maura leyó pasajes enteros, literales, de las intervenciones más revolucionarias que hizo Ramón en los mítines de los pueblos, lo que levantó murmullos y que algunos diputados instaran a que sus colegas mantuvieran la calma. Tras la durísima intervención de Maura —a lo largo de la cual Ramón pronunció algunas frases ininteligibles y repitió varias veces que aquello «no era verdad»— el socialista Eladio Fernández Egocheaga tomó la palabra para cuestionar que Esquerra apoyase los planteamientos independentistas que había defendido Ramón en Andalucía. El dictamen que proponía la adjudicación de las actas andaluzas se aprobó y Ramón Franco sufrió un durísimo revés en el Parlamento. Apenas supo defenderse de las acusaciones y su estreno como parlamentario demostró a sus colegas del hemiciclo que su papel en la política sería irrelevante.

El mismo día en que Ramón Franco recibió un fuerte varapalo en el Congreso tuvo que declarar ante el juez militar que instruía el expediente de Tablada; dos días antes lo había hecho Rexach que fue detenido y liberado a los pocos días. El instructor militar vio indicios de delito en la actuación del comandante Franco y el 24 de septiembre el tribunal militar elevó un suplicatorio a las Cortes Constituyentes para poder juzgarlo, pero aquella iniciativa jamás prosperó porque en el Congreso lo impedirían los masones, según informó Martínez Barrio a Alcalá Zamora. Tras este primer suplicatorio para juzgar a Ramón Franco hubo otro, relacionado también con los sucesos de Tablada, que tampoco prosperó.

El 24 de julio, Rada fue trasladado a Sevilla para que el juez instructor le tomara declaración, lo que ocurrió tres días después y el juez ordenó su ingreso en prisión.

El 4 de agosto, el diario Política de Córdoba se hizo eco de la versión más escabrosa de cuantas circularon en aquella época sobre lo ocurrido en Tablada. Según el noticiero, en los últimos días de mayo Ramón Franco había viajado a Barcelona y fue abordado por elementos de la Generalidad afectos a Maciá. Establecieron un pacto para llevar a cabo una acción conjunta entre la CNT, la Generalidad y el propio Ramón con el objeto de facilitar la aprobación del Estatuto catalán por las Cortes. La táctica consistía en plantear un conflicto separatista en Andalucía, con el apoyo de la Aviación. Ramón contaba con una importante suma de dinero para el caso de que el movimiento se frustrase. El accidente en Lora del Río dio al traste con todos los planes, pero con el dinero que se había dispuesto para el plan, unos 3 500 000 pesetas, se financiaron los desórdenes y huelgas que tuvieron lugar en Sevilla, poco después de las elecciones. El largo y enrevesado artículo no aportaba ninguna prueba ni su autor reconocía disponer de ella. Maciá desmintió rotundamente cualquier tipo de implicación política en aquel asunto y resaltó que hacía meses que no se veía con el dirigente anarquista Pestaña.

Pablo Rada se convirtió en un personaje importante en la cárcel de Sevilla. A principios de agosto los reclusos destrozaron puertas, bancos y ventanas, arrojaron el rancho al suelo y organizaron un gran escándalo. Los desórdenes alcanzaron tal magnitud que el director tuvo que recurrir a la Guardia Civil y el apoyo de soldados de Infantería para sofocar la algarada. El motivo de la revuelta fue que circuló el rumor de que Pablo Rada había salido del penal custodiado por la Guardia Civil que tenía la intención de aplicarle la ley de fugas y matarlo. En realidad, se hallaba indispuesto y por prescripción facultativa se encontraba separado de los demás reclusos, en la enfermería.

A finales de septiembre, Rada inició una huelga de hambre, durante cuatro días, que interrumpió gracias a las gestiones de su abogado defensor, Blas Infante. Todos sabían que no tardaría en fugarse de la prisión. El 27 de noviembre lo hizo, alrededor de las siete de la mañana, con toda facilidad utilizando varias llaves. Le acompañaron dos maleantes famosos El Potaje y El Mijitas. La directora de Prisiones suspendió de empleo y sueldo al director del establecimiento penitenciario y envió un inspector a la cárcel. Rada permaneció en libertad apenas un par de días porque el 29 la policía llamó a la puerta del número 5, duplicado, de la calle del Laurel, en Sevilla y abrió la puerta un individuo que se identificó como Julián Fernández, estudiante de ingeniería. «Bueno, para qué tonterías, sabemos perfectamente que es usted Pablo Rada». El mecánico se echó a reír y se fue con los agentes a la comisaría. La dueña del inmueble, dijo que había alquilado la vivienda a Rada con la recomendación de un amigo. El fugado había estado un día en casa de una mujer y allí lo visitó un anarquista bastante conocido, Fernando Santa Ana, que fue quien le proporcionó el alojamiento y las llaves para escaparse de la cárcel. En casa de una maestra, Mercedes Daza Martínez, amiga del doctor Vallina, se encontró la maleta de Rada. En ella había numerosas cartas del comandante Ramón Franco y su esposa en cuyos encabezamientos se podía leer: «Mi querido hermano»[xv]. Dos días después Pablo volvió a intentar fugarse de la cárcel. Esta vez de un modo más burdo, abalanzándose contra el funcionario que le llevaba la comida para salir de la celda y forcejeando con otros guardias en los pasillos. Lo redujeron con facilidad y el juez le tomó declaración acerca del intento de fuga. Inmediatamente lo enviaron al penal del castillo de Santa Catalina, en Cádiz, donde ingresó a las dos y media de la madrugada y permaneció hasta el mes de mayo del siguiente año. Rada contaba con una compleja red de amistades que preparó con mejor fortuna la siguiente fuga. Hicieron un túnel de catorce metros de longitud y un metro escaso de diámetro que tardaron en excavar varios días mientras los presos cantaban y se jaleaban; la tierra la guardaban en la cerrajería. El 19 de mayo de 1932, de madrugada, Rada y veinticinco presos más lograron escaparse por ese túnel. Afuera les esperaban automóviles. Esta vez ya no cogieron a Pablo que se trasladó al extranjero y regresó a España cuando se produjo la amnistía que lo liberó de todos los cargos que tenía pendientes con la justicia.

El juicio de Tablada se complicó mucho, se alargó y a los encausados se los dividió en dos grupos, en el primero estaban Rexach y Camacho, acusados de negligencia y en el segundo los demás y como cabecilla el paisano Pablo Rada de quien se aseguraba algo tan rebuscado como que el «delito de sedición no estaba probado en autos que tuviera relación con la propaganda política del Partido Republicano Revolucionario…»[xvi]. El juicio se celebró el 28 de noviembre de 1933 y las penas que se impusieron oscilaron entre dos años de prisión para el sargento Emilio Masero Pérez y seis meses y un día; pero las elecciones acababan de celebrarse el día 19 de aquel mes y el 1 de marzo de 1934 el Gobierno concedió un indulto.

Acerca de estos sucesos se ha escrito mucho y nadie ha podido demostrar que Ramón Franco tuviera intención de dar un golpe de Estado en los términos que, sin ninguna ambigüedad, el ministro de Gobernación, Miguel Maura, filtró a la prensa, aunque después en sus intervenciones parlamentarias fue muy cauto y no se atrevió a acusarlo de los delitos que le había imputado a través de los medios. Blas Infante escribió un libro que se publicó en 1936, La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía, en el que negó cualquier intención golpista en lo que ocurrió en Tablada y todo lo achaca a un montaje de Maura para desacreditar su candidatura. José Antonio Balbontín, en sus memorias, recuerda que Ramón Franco mantenía posiciones radicales como las de Vallina, aunque él planteó que era mejor esperar a que se frustrasen las ilusiones reformistas que los campesinos esperaban de las Cortes, antes de intentar un movimiento revolucionario. El doctor Pedro Vallina, en Mis Memorias, escribió que el día que Ramón Franco sufrió el accidente tenía preparada a la gente en Triana para tomar el aeródromo, pero fueron a verlo en un automóvil Pablo Rada y la esposa del aviador para decirle que se abortaba el plan «porque Sanjurjo se había posesionado del aeropuerto».[xvii] Sin embargo, Carmen, ese día no estaba en Sevilla.

En cualquier caso, lo cierto es que en los sucesos de Tablada cada actor siguió su propia agenda, de un modo descontrolado. Eso hace posible que un grupo de oficiales, poco simpatizantes con la República, intentara librarse de Ramón Franco aprovechando sus errores de utilizar la base como centro de propaganda electoral y sus imprudentes y populistas manifestaciones a la tropa y suboficiales, que Rada se moviera con ligereza excitando a cabos, sargentos y soldados, que Camacho ordenara el traslado de armamento para atender una solicitud de su jefe hecha desde hacía un mes, que los aviones acudiesen a Tablada movidos por la curiosidad de sus pilotos, adeptos a Ramón, cuando circulaban todo tipo de rumores o por la amistad, como fue el caso del comandante Luis Romero, que los oficiales más conservadores de la base se trasladaran a Madrid, alarmados, para advertir a sus superiores del peligro en que se encontraba Sevilla, sobre todo cuando llegaban a sus oídos las soflamas políticas de la candidatura andalucista de su jefe, que la CNT y el doctor Vallina quedaran a la espera para organizar alguna algarada si se presentaba la oportunidad, y que Maura, que de sobras conocía a Ramón Franco, interpretase los hechos en clave de confabulación y complot. Lo que carece de sentido, a la luz de los acontecimientos, es que Ramón Franco fuera el brazo armado de un complot diseñado para derribar al Gobierno provisional de la República y proclamar un Estado federal con Andalucía y Cataluña liderando el proceso.

 

 

NOTAS

[i] 12/06/1931 El Imparcial.

[ii] AMTS SS Folios 11 y 84 del SUM 26/1932. También se incluye como pasajero, según esta fuente, a la esposa de Ramón Franco, aunque lo que es seguro es que viajó a Sevilla en avión más tarde, a consecuencia del accidente de su marido.

[iii] 22/06/1931 La Época, Sevilla.

[iv] ATMTS SS Folio 5 SUM 26/1932

[v] Así lo refleja en su libro Decíamos Ayer, Ramón Franco, y aparece en varias noticias de prensa: el Heraldo (25/06/1931), Ahora (26/06/1931), El Adelanto (26/06/1931) y La Tierra (26/06/1931), entre otros. Por tanto, o bien Carmen regresó a Madrid después del 21 o la información del sumario 26/1932 es incorrecta.

[vi] ATMTS SS Folio 14 del SUM 26/1932

[vii] ATMTS SS Folio 24 del SUM 26/1932

[viii] 27/06/1931 El Liberal

[ix] ATMTS SS Folio 29 del SUM 26/1932

[x] ATMTS SS Folio 3 del SUM 26/1932

[xi] 28/06/1931 Ahora. La referencia de la intentona facilitada por el ministro de la Gobernación

A la una y media de la madrugada recibió el ministro de la Gobernación a los periodistas y les manifestó lo siguiente:

 

«Después de haber hablado con el general Sanjurjo a las once de la noche, puedo darles a ustedes una impresión de lo ocurrido en Tablada. Desde hace varios días venía siguiendo la organización de un intento de perturbación que preparaban elementos sindicalistas y de los llamados comunistas de Andalucía, bajo la dirección de los amigos del comandante Franco. En alguna ocasión hubo de proponer al Consejo de ministros la adopción de medidas de rigor que cortasen las propagandas totalmente inadmisibles en quien tenía el mando de fuerzas del Ejército. Entendieron mis compañeros, no sé si con razón, que no era ocasión oportuna todavía, pero en la mañana de ayer viernes supe que la organización del movimiento parecía ultimada, a pesar de que el accidente sufrido por el comandante Franco había desorganizado un tanto el plan. Recabé entonces del presidente y el ministro de la Guerra la autorización necesaria para cortar de raíz el movimiento, y les propuse las medidas que consideraba oportunas. Aceptadas por ellos, indiqué al general Sanjurjo que se trasladase a Sevilla, con instrucciones precisas.

» Según mis noticias, parecen confirmarse en un todo, el plan era el siguiente: El comandante Franco ordenaría una concentración de aparatos en el campo de Tablada, donde estaban acumuladas las armas y elementos que había podido reunir. En la madrugada de hoy sábado a la del domingo, los campesinos afiliados a la Confederación y los elementos que se dicen comunistas entrarían en Sevilla mientras volaban sobre la ciudad los aparatos lanzando proclamas amenazadoras contra la ciudad si las autoridades intentaban resistirse. Tenían la pretensión de proclamar la revolución social y el Estado libre de Andalucía, entelequia cocida en cerebros calenturientos.

»El general Sanjurjo, cumpliendo las instrucciones recibidas con toda firmeza, ha estado ayer tarde cuatro horas en Tablada y ha abierto el sumario. El juez ha ordenado la prisión del teniente coronel Camacho, jefe de la base; del comandante Romero, de varios sargentos y de no pocos soldados. A medida que en el proceso vayan apareciendo otras responsabilidades, se irán haciendo efectivas otras medidas de precaución.

»El estado de salud del comandante Franco impide, por el momento, su traslado. Han sido retiradas del aeródromo todas las armas y se han adoptado las medidas necesarias para impedir los vuelos, quedando el aeródromo debidamente custodiado por fuerzas incondicionales.

»Debo advertir —agregó el señor Maura— que la gran mayoría de los oficiales de la base se ha ofrecido desde el primer momento, incondicionalmente al general Sanjurjo, como representante del Gobierno.

»Los elementos obreros que trabajaban ordinariamente en el aeródromo lo han evacuado, y por orden del general Sanjurjo se prohibirá el acceso a la base a toda persona extraña a ella.»

[xii] 29/06/1931 La Época

[xiii] El complot de Tablada en la prensa de 193. Eva Castaño García. Fundación Centro de Estudios Andaluces. pg. 38

[xiv] 08/07/1931 El Heraldo de Madrid

[xv] 30/10/1931 El Sol

[xvi] ATMTS SS Folios 645 y 646, SUM 26/1932

[xvii] Éufrates, revista de historia. Límites y sombras de Blas Infante político: El complot de Tablada. Especiales 2017. Moisés Hidalgo García.

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