Los pequeños amores de Anthony Fokker

fokker_anthony_in_f10a_of_richfield_occ_1256575

Anthony Fokker y Violet a borde de un F-10

«Siempre he entendido mejor a los aviones que a las mujeres. He tenido muchos amores en mi vida que han acabado siempre como el primero, realmente porque pensé que no había nada que pudiera ser más importante que mis aeroplanos. Siempre me he sumido demasiado profundamente en mis propios intereses…Creo que soy muy egocéntrico. No expreso mis sentimientos, con la asunción ingenua de que su existencia debe entenderse de forma intuitiva. He aprendido ahora, con la amarga experiencia, que uno debe dar un poco también, en el amor uno tiene que usar el cerebro tanto como en los negocios y quizá más.»

Anthony Fokker se había casado con Violet Eastman en julio de 1927. A finales del siguiente año, la señora Fokker tuvo que ingresar en un hospital de Boston, aquejada de desórdenes nerviosos, y después la trasladaron al Hospital Presbiteriano en Nueva York. El 8 de febrero de 1929, por la tarde, abandonó el centro médico y llegó a casa antes que su marido. Los Fokker ocupaban un lujoso apartamento en Riverside Drive. Violet le pidió a la cocinera que preparase una cena especial para celebrar con Anthony su regreso al hogar. El fabricante de aviones llegó tarde, agotado, y se fue a la cama sin apenas hacerle caso a su esposa. Los dos estaban en el dormitorio cuando Violet llamó a la empleada del hogar para que le llevase un vaso de agua. Fokker se había dormido. Al regresar la sirvienta Violet ya no estaba en la habitación. Un transeúnte la halló muerta, aplastada en la acera tras su caída desde la ventana del apartamento en la planta quince, donde residían los Fokker. La policía consideró que Violet se había suicidado. Anthony Fokker tardó día y medio en recuperarse para lo que necesitó de asistencia médica. Hizo que Herbert Reed, secretario y tesorero de su empresa, publicara un comunicado en el que desmintió la versión policial: la señora Fokker sufría desmayos y el sucedido fue un accidente. El año anterior, Violet y Anthony habían volado juntos en uno de los nuevos trimotores F-10 por la costa estadounidense del Pacífico. A su esposa le gustaba la aviación, pero no llegó a soportar que su marido apenas se ocupase de ella.

El diseñador, piloto y fabricante de aviones, nunca tuvo mucha suerte con sus relaciones amorosas. Violet Eastman fue su segunda esposa. Su primer matrimonio, con Sophie Marie Elisabeth von Morgen, duró también muy poco: de 1919 a 1923. Sophie era hija del condecorado general Ernst Curt von Morgen, sobrina de Hermann Goering, y pertenecía a una acaudalada familia prusiana. Cuenta el propio Anthony que durante mucho tiempo la observó sin atreverse a acercarse a ella porque le parecía una mujer inaccesible. Los dos compartían la afición por la vela. Fokker compró un pequeño yate para navegar en el mismo lago que Sophie. Aprovechó que un día cayó fortuitamente al agua de la proa del velero que pilotaba ella misma. Anthony se lanzó inmediatamente para rescatarla, un gesto tan interesado como innecesario porque la muchacha nadaba mejor que el holandés. Sin embargo le sirvió para que lo invitaran a la casa del abuelo, el patriarca de la familia, donde pudo secarse, cambiar su ropa por la que le prestó un hermano de Sophie y lo que realmente le interesaba: introducirse en la familia de la joven. Se casó con la ilustre prusiana, pero el matrimonio duró poco.

Es posible que el gran amor de su vida lo encontrara en Johannisthal. Allí empezó su verdadera carrera como piloto, diseñador y constructor de aviones. Llegó al aeródromo berlinés en diciembre de 1911. Anthony Fokker tenía 21 años y ya había construido su propio avión: el Spider, un aeroplano muy primitivo sin alerones, ni mecanismo de torsión de las alas, pero con el que había aprendido a realizar giros, desplazando el cuerpo. Johannisthal era la Meca alemana en materia aeronáutica. Allí se congregaron pilotos, diseñadores y fabricantes de aviones, rodeados de una cohorte de mujeres alegres y divertidas. Muchos pilotos pertenecían a la clase adinerada, acudían al campo de vuelo al amanecer y al anochecer cuando apenas soplaba el viento para volar, vestidos con elegantes atuendos. Por las noches organizaban excursiones a la ciudad de Berlín, recorrían los cabarets y bebían champán hasta la hora de regresar al campo de vuelos de madrugada. Anthony Fokker sorprendió a la pequeña comunidad por su habilidad para controlar el extraño aeroplano con el que se presentó en el aeródromo. Muy pronto sería respetado por todos. Según relata en su autobiografía, en Johannisthal pasó de ser un sapo grande en un charco pequeño a una pequeña rana en un embalse grande. Hasta entonces había estado rodeado de personas con muy pocos conocimientos aeronáuticos y en el aeródromo berlinés tuvo la oportunidad de codearse con la gente más experimentada de Alemania en aquella nueva tecnología. Fokker no participaba en las fiestas snob de la gente acomodada, dedicaba todo su tiempo a trabajar: volar, mejorar el diseño de su avión y fabricar otros aparatos. Sin embargo, una bonita rusa de 19 años, Ljuba Galanschikova, se adueñaría de su corazón, al menos durante algún tiempo. Quizá fue el gran amor de su vida, el primero al que se refiere en las reflexiones que dejó escritas tras la muerte de Violet. El romance con Ljuba terminó mal, porque la muchacha lo abandonó y se fue con otro piloto. Quizá Anthony no le prestó la suficiente atención porque en su vida nunca hubo demasiado espacio para otra cosa que no fueran sus aeroplanos.

de Francisco Escarti Publicado en Aviadores

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s