Jaqueline Auriol

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Jaqueline Auriol

 

Sus inmensos ojos azules, aspecto deportivo y elegancia hicieron de ella una de las mujeres más atractivas de la alta sociedad parisiense en la década de los años cincuenta del pasado siglo. Pero, lejos de representar los valores de una sociedad frívola, Jaqueline Auriol sería también para los franceses el símbolo de la inteligencia, el coraje y el orgullo de su país cuando el 3 de agosto de 1953 se convirtió en la primera europea que pilotó un avión a una velocidad superior a la del sonido. La norteamericana Cochran era la única mujer que lo había hecho con anterioridad.

Jaqueline Douet nació el 5 de noviembre de 1917 en Challans, en el seno de una acomodada familia y se graduó en la universidad de Nantes y en la Escuela del Louvre de Bellas Artes en París. Muy joven, en 1938, se casó con Paul Auriol, hijo del líder socialista Vincent Auriol. Durante la segunda guerra mundial los Auriol lucharon con la Resistencia francesa y poco después de finalizar la contienda, en 1947, el padre de su marido fue elegido presidente de la República.

Jaqueline sentía pasión por la velocidad y en 1948 se sacó el título de piloto. Un año después, cuando volaba en un hidroavión sobre el río Sena, como pasajera, el aparato se estrelló y Jaqueline sufrió heridas importantes que le desfiguraron el rostro. Tres fracturas de cráneo, la rotura de  un brazo, varias costillas, la nariz y los dos maxilares, la obligaron a someterse a dos docenas de intervenciones quirúrgicas, en Francia y Estados Unidos. Pasaron años antes de que en su cara volviera a recomponerse la apariencia de un rostro humano y meses en liberarse de los vendajes que, según sus palabras, la convirtieron en una momia viviente. Pero, aquél revés acrecentaría su deseo de volar. Dedicó todo el tiempo que pudo a estudiar matemáticas, aerodinámica, navegación y mecánica, para preparar sus exámenes. En 1950 obtuvo la licencia de piloto militar y poco después, en Brétigny, la de piloto de pruebas.

El 11 de mayo de 1951, con un De Havilland DW.100, Vampire, volando a 508,8 millas por hora batió el record de velocidad de la estadounidense Jaqueline Cochran. Durante una década, las dos Jaqueline, Auriol y Cochran, pelearían por mantener el título de “mujer más rápida del mundo”; fueron años en los que el record aeronáutico de velocidad femenino cruzó el Atlántico varias veces hasta que, en 1964, la norteamericana voló a 2097 kilómetros por hora, 57 kilómetros más deprisa que lo había hecho Auriol en un Mirage III, el año anterior.

En 1926 el aeronauta Clifford B. Harmon había establecido el Trofeo Harmon que se otorgaba cada año al aviador, la aviadora y el aerostero, con mayores méritos aeronáuticos. El premio dejó de darse cuando se inició la segunda guerra mundial  y se restableció en 1949. Jaqueline Auriol lo ganó cuatro veces y Cochran cinco.  Los presidentes Truman y Einsenhower entregaron el premio a la piloto francesa. Era una prestigiosa distinción que, con anterioridad, la recibieron aviadoras como Amy Johnson y Amelia Earhart, además de Cochran.

Jaqueline Auriol consiguió premios y trofeos, voló el emblemático avión supersónico de transporte Concorde y ocupó las primeras páginas de los periódicos. Para Francia fue un símbolo que el presidente Jacques Chirac trató de resumir en la frase que envió a sus hijos con motivo de la muerte de la piloto: “Esta gran dama ha encarnado para los franceses, a lo largo de decenios, el coraje y la modernidad. Sus logros durante los años 50 y 60 le valieron fama mundial y fueron el orgullo de nuestro país”.

Para la piloto francesa las cosas fueron mucho más sencillas de lo que pensaba Chirac, cuando le pidieron que explicara su pasión por el vuelo se expresó de la siguiente forma: “Me siento feliz volando. Quizá es el sentimiento de poder, el placer de dominar la máquina tan hermosa como un pura sangre. Mezclados con esos placeres básicos hay otro sentimiento menos primitivo, el de la misión cumplida. Cada vez que pongo un pie en un aeródromo siento con frescura que ese es el lugar al que pertenezco.”

La familia de Jaqueline disfrutaba de una posición económica muy desahogada y su marido era hijo del presidente de la República durante los años en que ella se inició como piloto. Paul y Jaqueline contrajeron matrimonio dos veces, la primera en 1938 y la segunda en 1987, después de haberse divorciado veinte años antes, en 1967 y de aquél matrimonio nacieron dos hijos. Poco después de la guerra vivían instalados cómodamente en París. Jaqueline era una mujer distinguida,  que disfrutaba de una halagadora  e intensa vida social. Un general francés le sugirió, durante una recepción, que aprendiese a volar, cuando ella le dijo que le apasionaba la velocidad. Jaqueline tenía unas magníficas dotes para el vuelo, pero también un instructor excepcional: Raymond Guillaume.

Fue Raymond quién la guiaría paso a paso, desde su primera licencia de vuelo, en 1948, a batir el record de velocidad primero y cruzar la barrera del sonido, pocos años después. Un episodio que no estuvo exento de emociones para la piloto y su instructor. Jaqueline ascendió a 40000 pies y lanzó su Mystère en picado hasta pasar las 665,2 millas por hora (la velocidad del sonido), luego recuperó el avión y se dispuso a repetir la maniobra, a 35000 pies. Raymond Guillaume estaba en tierra, en contacto con Jaqueline por radio. Durante el segundo picado su instructor esperaba oírla decir que había pasado la velocidad del sonido al cabo de unos 80 segundos, después de iniciar el descenso. Sin embargo, la radio se mantuvo en silencio durante más de dos minutos. Raymond pensó que se habría estrellado, entonces escuchó su voz “no puedo controlar el avión”. Durante algunos segundos Jaqueline perdió la consciencia y al recuperarla se dio cuenta de que era incapaz de gobernar la aeronave. Le pasó el mensaje a Raymond “he entrado en barrena”. Jaqueline se acordó de lo que le había dicho otro piloto que había volado con el Mystère IV: “Si entras en barrena con este avión, lo que tienes que hacer para recuperarlo es tan contrario a los procedimientos aprobados que tendrás que ponerte tú misma en segundo plano para que seas capaz de hacerlos”.  Jaqueline consiguió recobrar el control de su aeronave poco antes de estrellarse y contactó con Raymond: “lo he hecho, he salido”.

En la rapidez con que la piloto consiguió sus éxitos también tendrían que ver su posición social, amistades y capacidad económica. Las dos mujeres que más veces ganaron el trofeo Harmon, Crochan y Auriol, pertenecían a familias adineradas e influyentes. Pero, con su dinero no pudieron comprar el valor ni la riqueza les torció la voluntad.

Sin embargo, los records aeronáuticos y la fama nunca fueron para Jaqueline la razón de su vida profesional. Su ocupación principal fue la de piloto de pruebas, que ejerció en Brétigny. Allí efectuó ensayos con más de un centenar de aparatos distintos. Su trabajo consistía en comprobar que las aeronaves se comportaban de acuerdo con lo previsto en los manuales y exigía una preparación minuciosa que se hacía en colaboración con los ingenieros de vuelo. Aquél sería su verdadero oficio, verificar las capacidades de nuevos modelos de aviones civiles y militares para garantizar la seguridad de las tripulaciones y los pasajeros. Entonces no había mujeres en las escuadrillas de caza ni en los equipos de ensayo en vuelo y cuando le preguntaron cómo se sentía dijo que “si mis colegas de trabajo me consideran como uno más de ellos, yo tengo la necesidad de decir que hago todo lo posible para que sea así y de eso me siento muy orgullosa”. Disfrutaba haciendo su trabajo, en un ambiente que describió como “caluroso, inquieto y excitante”.

Jaqueline se retiró en 1971 y murió el 11 de febrero de 2000 en París.

 

de Francisco Escarti Publicado en Aviadoras

3 comentarios el “Jaqueline Auriol

  1. SOY SYLVIA GODED UGARTE, MANDE UN MENSAJE CON LOS UNICOS DATOS QUE TENIA SOBRE EL LIBRO DE MI TIA, NO SE SI HABEIS PODIDO CONSEGUIRLO.UN SALUDO. VEO QUE HAY GRANDES MUJERES CON HISTORIAS PRECIOSAS,GRACIAS. Date: Tue, 5 Nov 2013 16:09:30 +0000 To: goded_3710@hotmail.com

  2. Son extraordinarias las historias que compartes,sin duda me interesan todas,por lo amenas y lo que nos enseñan del pasado reciente.Pero sobre todo las vidas de unas mujeres arriesgadas y adelantadas me entusiasman.
    gracias por compartirlas.Un saludo C.P

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