El catering esquizofrénico

Este desayuno no tiene muy buena pinta.

Casi todos los críticos gastronómicos profesionales de los servicios a bordo de las aerolíneas, coinciden en que en primera clase la comida no es buena siempre, ni en la clase turística necesariamente mala. Sin embargo, los pasajeros no opinan igual que los expertos y una abrumadora mayoría piensa que la comida en las clases económicas de los transportistas aéreos es desastrosa. Es posible encontrar un comentario de un pasajero sobre las excelencias de un refrigerio a base de pollo con ensalada en un vuelo de Madrid a Francfort y de otro sobre la magnífica hamburguesa que le sirvieron mientras volaba de Heathrow a Amman. Pero, lo habitual es que la gente tilde de gomosa, pringosa, insuficiente, repugnante e indeseable, el contenido de las bandejas de alimentos que ofrecen las aerolíneas en la clase turista. Además, como todo el mundo lleva un teléfono móvil en el bolsillo, los comentarios suelen acompañarse de unas fotos espantosas que inundan centenares de páginas de internet. Pero este aluvión de miserias contrasta con las críticas que un reducido grupo de gastrónomos aéreos elabora sobre el servicio a bordo en las llamadas clases nobles: de negocios y primera.

Y es que, según los críticos, en algunas de estas aristocráticas clases, el servicio alcanza cotas equiparables a las de los restaurantes urbanos más sofisticados. Entre las mejores aerolíneas por su catering, se encuentran Austrian Airlines que puede llevar hasta un sumiller a bordo para recomendar el perfecto maridaje entre los distintos platos y vinos regionales del país, Air France con sus magníficos chefs y vajillas de porcelana, Eva Air que ofrece una excelente colección de champán vintage, además de Swiss International Airlines, Singapore Airlines, Cathay Pacific o Emirates, todas ellas con servicios igual de refinados.

A pesar de que la mayor parte de los pasajeros no tiene un concepto demasiado elevado de la comida que se ofrece a bordo de los aviones, para algunas aerolíneas su oferta gastronómica es uno de los principales distintivos de la imagen de excelencia que tratan de proyectar ante la opinión pública. Tanto es así que, durante la crisis originada por la pandemia, líneas aéreas como All Nippon Airways (ANA), British Airways, Finnair, y El Al Israel Airlines, convencidas de la fortaleza de su catering, pusieron en marcha negocios para vender decenas de miles de comidas a domicilio y otras, incluso habilitaron aviones aparcados en el aeropuerto, como restaurantes.

No hay duda de que en el aire coexisten dos niveles opuestos de restauración: uno excelente y otro deplorable. En el peor de los casos siempre podemos embarcar con un bocata.