Pájaros artificiales

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El libro del vuelo de las aves se encuentra disponible impreso y en edición electrónica, para localizarlo haga click en el siguiente enlace: libros de Francisco Escartí

 

La foto no es de un pájaro real: es un dron tipo Robird de Clear-Flight-Solutions. Las aves lo confunden con un halcón peregrino y huyen de su presencia. En las proximidades de los aeropuertos sirve para evitar que las aeronaves colisionen con los pájaros.

La historia de los pájaros artificiales es casi tan antigua como la el conocimiento humano. ¿Volaban las palomas de madera de Arquitas de Tarento? El matemático Herón de Alejandría, así lo creyó, aunque eso fuera centenares de años después de la muerte del supuesto primer fabricante de drones de la historia. Es posible que las palomas de Arquitas se propulsaran mediante vapor de agua. El propio Herón diseñó pájaros artificiales que movían las alas y cantaban, gracias a mecanismos que se alimentaban mediante agua a presión que les llegaba a través de tuberías. Cuentan que a Carlos I de España, cuando ya se había retirado en Yuste, un famoso y sabio inventor, Juanelo Turriano, a quien nombró Relojero de la Corte, también le fabricó pájaros voladores. El ingeniero renacentista fabricó un famoso reloj, Cristalino, que marcaba la posición de los astros en todo momento. En el siglo XVIII un francés, Jacques Vaucanson, construyó un pato chapado en oro, capaz de imitar los movimientos y sonidos de un ánade, con gran precisión, además de ingerir grano y defecar a través de un detallado mecanismo que imitaba con precisión el aparato digestivo. Su compatriota Voltaire quedó prendado del invento. Sin embargo, han tenido que pasar muchos años hasta que podamos aseverar con seguridad que alguien ha construido un pájaro artificial que vuela como los naturales, batiendo las alas, sin hélices.

«Es un sueño de la humanidad volar como los pájaros». Son palabras de Markus Fischer, el joven que dirigió el equipo de Festo que construyó SmartBird. Un pájaro artificial, inspirado en la gaviota argéntea cuyas alas se mueven hacia arriba y abajo y son capaces de torcerse como las de las aves. Está construida con fibra de carbono y pesa unos 450 gramos, posee una envergadura de 2 metros, se alimenta con una batería de litio, lleva cuatro servos y es capaz de transmitir su posición a una estación de control —que gestiona un operador— y recibir órdenes desde la misma. Puede despegar, volar como un pájaro batiendo sus alas, y aterrizar. SmartBird es un invento del siglo XXI. No es el único, hay otros pájaros artificiales como el de Nico Nihenhuis, un holandés que ha diseñado y construido aves de presa artificiales (Robirds). Estos ingenios, dotados de un piloto automático, servirían para hacer que los verdaderos pájaros huyeran de las zonas de tránsito aéreo y evitar así las colisiones con las aeronaves.

Las universidades también se han ocupado durante los últimos años de los pájaros artificiales. El Israel Institute of Technology desarrolló un proyecto de pájaro mecánico (Birdinator), capaz de volar durante 10 minutos y transportar una pequeña carga de pago de unos 20 gramos. El proyecto ROBUR, en Francia, se desarrolló para estudiar la viabilidad y las ventajas de pequeños aviones no tripulados de alas batientes. La universidad de Maryland construyó, con fondos del Laboratorio de Investigación del Ejército de Estados Unidos, un robot (Robo Raven) muy ligero, equipado con una pequeña cámara, para misiones de vigilancia y reconocimiento. Es más silencioso que un helicóptero y pesa menos que una lata de cerveza. Desde hace más de una década, el profesor S.K. Gupta de dicha universidad ha estado trabajando en este tipo de desarrollos. Durante las pruebas de vuelo, el Robo Raven fue confundido por un halcón que lo atacó en varias ocasiones.

Hasta los fabricantes de juguetes han desarrollado pájaros voladores artificiales. Por menos de 100 dólares, la empresa francesa Avitron ofrece un robot que pesa 8,85 gramos, vuela en habitaciones cerradas y el exterior (según anuncia el fabricante) durante unos 8 minutos, y se alimenta con 6 baterías AA recargables.

A pesar de las dificultades de estos inventos, ya que los amplios conocimientos que poseemos sobre la aerodinámica aplicable a los aviones tienen escasa utilidad a la hora de estudiar el vuelo de los pájaros, sobre todo los pequeños ornitópteros (voladores de alas batientes), cada vez hay más organizaciones y empresas interesadas en desarrollar máquinas de volar de reducido tamaño que se muevan batiendo las alas. Parece que un aparato volador de gran envergadura y alas batientes es un ingenio muy complicado. Aunque incluso se ha realizado algún prototipo de pterosaurio artificial, no creo que una máquina cuyo peso sea superior a varios kilogramos tenga mucha utilidad. Con alas muy grandes, los ornitópteros  pierden sus ventajas de maniobrabilidad. Sin embargo, con pesos del orden de un kilogramo y menos, estos aparatos podrían desplazarse a gran velocidad, ser muy maniobrables y ejecutar misiones que difícilmente estarían al alcance de los drones de ala fija o de ala rotatoria. El problema es que estas máquinas plantean un reto tecnológico extraordinario. Sin embargo, muchos creen que en un plazo de 10 o 20 años podremos ver drones que vuelan con la misma seguridad y habilidad que los pájaros en nuestras ciudades, atareados en misiones de transporte urgente de gran variedad de productos. Bastaría con que dejáramos una ventana abierta en casa para recibir un paquete pocos minutos después de comprarlo, eso sí, mientras no sea demasiado grande.

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