Beate Uhse y Bücker

Bucker

 

El ganado, el prado y el caserío son españoles y la escena imagino que se remonta a los años de la guerra civil española, por lo que el avión estaría fabricado en Alemania. Es un Bücker Bü-131, Jungmann, de entrenamiento. Durante la contienda llegaron a España unos 95 aviones de este tipo que se destinarían a los distintos centros de formación de pilotos de la Fuerza Aérea franquista que mandaba el general Kindelán. La Bücker se convertiría en uno de los grandes iconos de la aviación de este país durante el pasado siglo. Después de la guerra, la empresa Construcciones Aeronáuticas S.A. (CASA) fabricó centenares de unidades.

Pero, en la historia que rodea a este avión de madera y de aspecto anticuado, incluso para su época, confluyeron personajes cuyas vidas recorrerían caminos muy distintos. Su creador, Carl Clemens Bücker fue piloto de la Armada Imperial Alemana, durante la I Guerra Mundial. La Bücker conserva trazos que pertenecen a los aviones de la época de la Gran Guerra: biplano, con montantes, riostras y las cabinas descubiertas; una estampa que ha contribuido al desarrollo de la leyenda que siempre la ha acompañado. Y quizá el contrapunto a esta imagen de la época de los pioneros de la aviación, venga de la mano de Beate Ushe, la piloto de pruebas de la empresa de Carl Clemens Bücker que, con los años, también se convertiría en otro icono: el de la liberación sexual de la mujer en Alemania.

 

Después de la I Guerra Mundial, como no podía fabricar aeronaves en su país, Bücker se trasladó a Suecia y allí fundó, en 1921, la empresa Svenska Aero Aktiebolaget (SAAB). En 1933 regresó a Alemania, vendió sus participaciones en la empresa sueca, y constituyó la sociedad Bücker-Flugzeubauen la que con la ayuda del sueco Anders J. Andersson diseñó y construyó el Bücker BU-133 que tendría un gran éxito desde el principio. La Luftwaffe la adoptó como avión de entrenamiento. Cuando Alemania decidió enviar ayuda aérea al Ejército de Franco, con la Legión Cóndor llegaron 3 Bücker de entrenamiento, a finales de 1936.

Carl Clemens instaló su fábrica en el aeródromo de Rangsdorf, situado a unos 40 kilómetros al sur de Berlín. En 1937 la joven Beate Köstlin, con 17 años, empezó a recibir clases de vuelo en aquel aeropuerto. Era una mujer resuelta, que acababa de regresar de Inglaterra donde había pasado un año aprendiendo inglés trabajando como au pair en una residencia familiar. Su carrera como piloto fue meteórica. En menos de un año había conseguido obtener la calificación de piloto de pruebas y volaba para la empresa de Carl Clemens Bücker.

Antes de que estallara la II Guerra Mundial, Beate ya había dejado la Bücker y trabajaba como doble, rodando escenas aéreas peligrosas, para una empresa cinematográfica. También se había enamorado de otro piloto acrobático, Hans-Jürgen Uhse, con quién no se quería casar porque decía que “jamás dejaría de volar por culpa de un hombre”. Hans apoyaba su carrera como piloto y al final consiguió convencerla para que se convirtiese en Beate Uhse. Tuvieron que anticipar la boda porque, al comenzar la guerra, Hans fue llamado para que se incorporase al frente. Cuatro horas después de la ceremonia, el marido de Beate partió para reunirse con sus compañeros de escuadrilla.

Beate no pudo soportar vivir encerrada en su casa de Rangsdorf sin otra ocupación que la de esperar las cartas de su esposo y consiguió un trabajo en la Luftwaffe para trasladar aviones. Hasta el final de la guerra voló con aeronaves de distintos tipos, en misiones de transporte. En 1943 nació su hijo Klaus. Como el trabajo de Beate era importante, la Luftwaffe le asignó una niñera para que le ayudase a ocuparse del niño.

En 1945, su marido Hans-Jürgen falleció en un accidente, poco antes de que la ciudad de Berlín se encontrara sitiada por los ejércitos aliados. La unidad de la aviadora recibió la orden de evacuar la ciudad y volar hacia el Oeste. Beate antes de marcharse fue a Rangsdorf a recoger a su hijo y a la niñera; cuando regresó al aeródromo sus compañeros, y su avión con ellos, ya habían despegado. Descubrió un pequeño avión de transporte, Siebel, con el que no había volado jamás. Mientras le llenaban los depósitos de combustible se estudió el manual. Beate, pilotando el Siebel, consiguió escapar de Berlín con su hijo y la niñera y fue hecha prisionera, por los británicos, nada más aterrizar en Leck.

La guerra cambiaría para siempre la vida de Beate y de Carl Clemens. Bücker se trasladó a Suecia y trató de fabricar aviones en Hamburgo, pero los negocios aeronáuticos ya no le irían jamás, tan bien, como en el pasado. Beate Ushe se instaló con su hijo en Flensburg y su pertenencia a la Luftwaffe, durante la guerra, le impediría seguir volando.

La expiloto decidió ganarse la vida con un pequeño negocio de ventas a domicilio, que le permitiría entrar en contacto directo con multitud de jóvenes amas de casa. Se dio cuenta de que muchas de ellas estaban agobiadas por culpa de los embarazos, en muchos casos no deseados. Beate escribió un panfleto en el que describía la forma de identificar los días fértiles del ciclo menstrual. En muy poco tiempo llegó a vender decenas de miles de ejemplares. Amplió el negocio en otras ciudades.

La joven emprendedora montó una empresa que enviaba a domicilio libros, preservativos, y otros productos, para facilitar el desarrollo de una vida sexual plena y satisfactoria; en 1951, su compañía contaba con cuatro empleados. En los años que siguieron su empresa creció de forma espectacular. En 1962 abrió la primera tienda de productos sexuales. Tuvo que luchar contra las facciones más conservadoras de su país, que en muchos casos tan solo defendían intereses económicos, y soportar el rechazo de organizaciones financieras y clubes sociales alemanes que se negaron a trabajar con ella y aceptarla. Sin embargo, a finales del siglo pasado, su empresa, la Beate Uhse AG, cotizaba en bolsa y el mundo de las finanzas la consideraba como uno de los valores más atractivos del mercado financiero.

Carl Clemens Bücker falleció en Alemania en 1976 y Beate Uhse en Suiza el año 2001, pero los sex shop de la aviadora y el biplano del piloto de la Gran Guerra, siguen vivos, aunque ahora a las Bücker ya no se las vea en los caseríos tomando el sol con el ganado.

de Francisco Escarti Publicado en Aviadoras

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