La aviación del ejército de Pancho Villa

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Pancho Villa

 

Edwin Charles Parson aprendió a volar en el aeródromo Domínguez, cerca de Los Ángeles. A principios de 1914 tenía 21 años, vivía en el sur de California y había ayudado al fabricante de aviones estadounidense Glenn Curtiss a vender al ejército mexicano de Doroteo Arango un bimotor de dos plazas. Más conocido como Pancho Villa, Doroteo Arango preparaba una campaña militar para apoderarse de Torreón que estaba en manos de Victoriano Huerta. Algunos de sus asesores le habían recomendado que adquiriese un avión para observar los movimientos del enemigo y bombardear sus posiciones.

Parson recibió una llamada de los revolucionarios para que se entrevistara con ellos en el bar del hotel Orndorf de El Paso. Allí le esperaban Raúl Madero y Jefferson De Villa, un caribeño nacido en Martinica de ascendencia francesa y española. Después de tomar unos tragos a Parson le ofrecieron 200 dólares mensuales si se incorporaba como piloto a las fuerzas aéreas revolucionarias. Charles cerró el trato, según el cual Jefferson actuaría como líder de la aeronáutica de guerra de Pancho Villa que contaba con un avión y dos pilotos. Además de llevar a cabo misiones aéreas en los territorios ocupados por el enemigo, Charles y Jefferson se encargarían de formar los primeros pilotos villistas. Los pagos se harían por adelantado, en oro.

Durante la campaña contra Torreón, del 22 de marzo al 2 de abril, los dos pilotos se turnaron en vuelos de reconocimiento y bombardeo. La falta de experiencia de los tripulantes, la excesiva altura desde la que liberaban las bombas y la escasa potencia de los explosivos convertirían aquellos ejercicios en un entretenimiento inocuo para los huertistas. De otra parte, la instrucción de oficiales del ejército de Pancho Villa como pilotos resultó poco efectiva. A Parson le costaba convencer a los voluntarios para que subieran al avión y cuando lo hacían una vez ya no querían repetir.

Después de la batalla contra Torreón Pancho Villa se dirigió hacia Zacatecas. En junio de 1914, durante aquella campaña, Parson tuvo que hacer un aterrizaje forzoso y el aparato se dañó, por lo que cruzó la frontera con Estados Unidos para comprar repuestos. Allí le dijeron que si su país intervenía en aquella guerra, lo que parecía probable que ocurriera, podría ser acusado de traición y terminar sus días en un paredón de fusilamiento. Parson regresó a Juárez, reparó el avión y sin despedirse volvió a Estados Unidos. Jefferson continuó volando para los revolucionarios poco tiempo más y cuando dejó su trabajo las fuerzas aéreas del general revolucionario quedaron fuera de servicio.

Pancho Villa era un magnífico jinete, un soldado que no tenía demasiada fe en la aviación. No podía entender cómo una neblina que no le impedía cabalgar pudiera dejar a los aviones en tierra y dudaba que un artefacto tan delicado pudiera suplantar a la caballería en las misiones de reconocimiento. En 1914, poco antes del estallido de la Gran Guerra, muchos generales de Caballería de los ejércitos europeos pensaban igual que Pancho Villa.

El jefe de la División del Norte tenía otras cuestiones más importantes en qué ocuparse para otorgarle mucha importancia a la aeronáutica; cada vez, sus discrepancias con Carranza, el primer jefe del Ejército Constitucionalista, eran más acusadas. El 24 de junio de 1914 Pancho Villa tomó Zacatecas, después de desobedecer las órdenes de Carranza de enviar ayuda al general Pánfilo Natera que había sitiado la ciudad. El jefe del Ejército Constitucionalista se vengó al cortar el tráfico ferroviario entre Aguascalientes y Monterrey con lo que Villa dejó de recibir carbón y sus tropas quedaron inmovilizadas. El 13 de agosto los federales se rindieron y Villa no participó en aquella operación.

José María Maytorena, amigo de Villa, regresó a Sonora para asumir el cargo que ya había ejercido con anterioridad, de gobernador, pero Obregón y otros militares se opusieron. Maytorena y Villa se alzaron contra Carranza al tiempo que invitaron a otros militares a que hicieran lo mismo.

Los intentos de los mediadores para que Carranza abandonara su puesto de primer jefe y Pancho Villa el de jefe de la División del Norte fracasaron, por lo que en noviembre de 1914 los revolucionarios iniciaron su guerra particular.

Carranza agrupó todos los aviones que estaban a su alcance en el puerto de Veracruz. Eran aparatos que habían pertenecido al ejército federal y otros confiscados. En total disponía de un bimotor Martin, tres monomotores Moisant, un Farman, un Blériot y un Deperdusin. El 5 de febrero creó el Arma de Aviación Militar, con un jefe, el mayor Alberto Salinas Carranza y dos pilotos: George Puffles, rumano, y Charles F. Niles, estadounidense.

A Pancho Villa no le interesaban demasiado los aviones, pero su hermano Hipólito asistió en El Paso a una demostración aérea y quedó impresionado con las acrobacias del piloto, Bill Heth. Compró cinco aviones Wright y un Christofferson. Eran aviones, incluso para la época, bastante anticuados y cuando los villistas los recibieron no estaban en muy buenas condiciones. El Ejército de Pancho Villa contrató pilotos estadounidenses con un salario mensual de 500 dólares, en oro, además de otras cantidades adicionales que recibirían por cada misión. Los aviones establecieron su base operativa en Monterrey, aunque poco después se trasladaron a Tamaulipas.

La aviación fue bastante efectiva llevando mensajes a las tropas y en sus misiones de observación. Sin embargo, las operaciones de bombardeo, aunque tuvieron cierto efecto sobre la moral de la tropa, no causaron muchos daños. Quizá, el mayor éxito de aquellos primitivos aeroplanos lo tuvieron durante las demostraciones aéreas que Pancho Villa solía organizar para divertir a sus hombres en Aguascalientes. Para los pilotos eran los ejercicios más peligrosos de la guerra. En una de aquellas exhibiciones, en mayo de 1915, un avión se estrelló y el tripulante perdió la vida.

Durante la contienda se produjo una interesante batalla aérea entre los mercenarios. Las tropas de Maytorena sitiaron la ciudad de Naco. Philip Rader volaba el Christofferson de Pancho Villa; otro piloto estadounidense contratado por Carranza, Dean Ivan Lamb, daba cobertura aérea a la ciudad cercada con un Curtiss. Los dos pilotos hacían misiones de observación y de vez en cuando bombardeaban a la parte contraria. Una mañana dio la casualidad de que se encontraran en el aire. Según Lamb, Rader se puso a su lado, sacó la pistola y le largó un par de tiros. Ivan Lamb le respondió también con balas. Se enzarzaron en una pelea a balazos al tiempo que evolucionaban en el aire para no ser alcanzados. Pronto se quedaron sin municiones, casi al mismo tiempo. Rader guardó la pistola, hizo un gesto de despedida con la mano y se marchó.

Lamb y Rader no fueron los primeros en establecer un combate aéreo de esas características; en Europa, nada más empezar la Gran Guerra, los aviadores llevaban rifles y pistolas y ya habían peleado en el aire con armas de fuego ligeras. Los resultados eran casi siempre los mismos, los pilotos agotaban la paciencia, el combustible del depósito o la munición y saldaban el combate con un amable saludo de despedida.

El sitio de Naco finalizó el 11 de enero de 1915, después de tres meses, porque Estados Unidos presionó a Villa para que abandonara el asedio que había costado un elevado número de vidas humanas y daños materiales. Poco después de su encuentro en el espacio aéreo de Naco, Lamb y Rader dejaron la aviación de Pancho Villa para incorporarse a la Royal Flying Corps británica que combatía en Francia contra los alemanes. Allí lucharon en el mismo bando.

Pancho Villa disponía de recursos muy escasos para comprar rifles y municiones, por lo que equiparse con una flota de aeronaves modernas estaba fuera de su alcance. Las tropas de Obregón y Carranza le obligaron a replegarse en el Estado de Chihuahua desde donde mantuvo a sus guerrilleros activos durante cuatro años y medio. Cuando murió Carranza, en 1920, llegó a un acuerdo con el presidente Adolfo de la Huerta. Abandonó la guerrilla, se retiró de la política y se refugió en su rancho de Chihuahua. Tres años después murió asesinado, a los cuarenta y cinco años de edad. Pancho Villa dejó un recuerdo imborrable en el pueblo, veintitrés viudas con las que había contraído matrimonio en vida y muchos hijos.

Ni los aviones de Pancho Villa ni los de Carranza influyeron demasiado en el curso de la revolución, pero harían posible que muchos mexicanos contemplasen, por primera vez, aquellos extraños artefactos que eran los aviones. Y el pueblo inventó un “corrido”, “La persecución de Villa”, en el que a la aviación le dedica unos versos:

Pancho Villa ya no anda a caballo
ni su gente tampoco andará
Pancho es dueño de aeroplano
y los alquila con gran comodidad

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