El vuelo de los halcones y gavilanes

halcon

Buteo jamaicensis

 

El libro del vuelo de las aves se encuentra disponible impreso y en edición electrónica, para localizarlo haga click en el siguiente enlace: libros de Francisco Escartí

Las fragatas son pájaros que solamente saben volar, hacen uso de las térmicas y permanecen en el aire durante larguísimos periodos de tiempo, como si fueran corredores de fondo. Pero, cada pájaro tiene su forma específica de realizar el vuelo y junto a los “maratonianos” también hay “sprinters”. Los halcones y los gavilanes baten con fuerza las alas, se mueven muy de prisa, aunque durante un tiempo corto, y podríamos decir que son corredores de velocidad.

Los halcones y los gavilanes son depredadores. Se alimentan de aves pequeñas, murciélagos, ratas, insectos y musarañas, en vuelo horizontal pueden alcanzar los 100 kilómetros por hora y cuando el halcón peregrino se lanza en picado es capaz de multiplicar por tres esa cifra.

Los gavilanes son más pequeños que los halcones, los machos pesan unos 137 gramos y las hembras 234, de promedio; los halcones macho pueden pesar el triple y las hembras de halcón llegan a pesar un kilogramo y medio. El dimorfismo sexual, es decir, la diferencia entre machos y hembras es más acusado en los halcones que en los gavilanes.

Los machos de los gavilanes vuelan entre árboles, a muy baja altura, buscan el amparo de los árboles y la vegetación para no ser vistos. Maniobran con gran habilidad para evitar los obstáculos del terreno. La forma que tienen de atacar a sus presas es buscarlas mientras vuelan a ras del suelo escondidos en la vegetación y cuando las detectan suben a gran velocidad para apresarlas con sus fuertes garras por el cuello. Sus alas cortas, redondeadas, y su amplia cola les proporcionan la configuración aerodinámica que necesitan para realizar un vuelo acrobático, agotador, que consume una gran cantidad de energía.

Las hembras, de mayor tamaño, cazan en espacios abiertos desde posiciones más altas y eligen presas grandes.

Mientras la hembra incuba los huevos- unos 33 días- y cuida de los polluelos hasta que cumplen tres semanas, el macho abastece a la hembra y su parvada. Durante esos dos meses el nido va a necesitar unas dos o tres presas al principio y luego seis o siete, cada día, si se trata de pequeños gorriones. Al cabo de dos meses, la hembra empezará a ayudarle a cazar para los polluelos, aunque no se apartará demasiado del nido.

Para un gavilán macho la tasa de éxito de las incursiones de caza no es tan elevada como podría suponerse. De los estudios que se han realizado se dedujo que en 213 intentos, los gavilanes consiguieron tener éxito tan solo en 23 ataques. Si las presas son animales con algún tipo de limitación, la tasa de éxito es mayor, pero los gavilanes cazan en las proximidades de su nido y la probabilidad de hallar presas fáciles se le agotan muy pronto.

Para conseguir seis o siete presas diarias los gavilanes pueden verse obligados a efectuar sesenta ataques cada jornada de caza durante la cría. Volar a gran velocidad, rodeado de obstáculos, con los ojos puestos en aves que vuelen a mayor altura y perseguirlas hasta cogerlas del cuello es un ejercicio aún más peligroso para los depredadores que para sus víctimas. Así es como, gavilanes y halcones, tienen una alta tasa de mortalidad. El 69% de los gavilanes machos adultos mueren el primer año y el 34% cada año, durante los años siguientes.

Los gavilanes, venerados por los egipcios y elegidos para representar a Osiris, no tienen una existencia fácil.

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