Gaspar Brunet y Juan Olivert, mediterráneos imaginativos

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Juan Olivert, 1909

Tengo conmigo un ejemplar del libro de Gaspar Brunet y Viadera, publicado en 1910 en Barcelona por la librería de Feliu y Susanna, Ronda de San Pedro, 36. El libro se titula Curso de Aviación y en la primera página hay tres firmas y un estampillado. Dos firmas las ha hecho la misma mano, la de José Antonio Molina y debajo de una de ellas hay una fecha 18/12/34, la tercera firma es de Helmut Mönke. El estampillado, en tinta azul, tiene grabado un nombre, Dr. Phil. Helmut Mönke, y una dirección y teléfono: Traunfeldstr. 30, D-83371 Steind a.d. Traun, Telefon: 08621/3431. Imagino que esos dos señores habrán poseído este ejemplar durante algunos años y no es posible saber las razones que los llevaron a adquirirlo o por qué se deshicieron del libro. Si alguien los conoce me gustaría saber quiénes fueron. Yo compré el libro hace años a través de Amazon, pero no conservo la factura y no sé desde que librería o domicilio me lo han enviado. A mí me interesó porque debe ser la primera obra escrita en castellano sobre ingeniería aeronáutica.

Los libros impresos están llenos de misterios y secretos y si son viejos tienen un olor muy especial. Me gustaría saber por qué don Gaspar Brunet, ingeniero industrial, se puso a trabajar en asuntos relacionados con la aviación en una época tan temprana, pero eso no creo que lo pueda averiguar. Hay que tener en cuenta que los Wright volaron por primera vez en público en el año 1908, en Francia y Estados Unidos, y que en 1909 Louis Blériot cruzó el canal de la Mancha y en agosto de ese mismo año se celebró en Reims una semana aeronáutica en la que volaron todos los tipos de aeroplano de la época. En el año 1909 es cuando se inicia, a nivel mundial, el desarrollo práctico de la aviación. Y en aquél momento, Gaspar Brunet estaba al tanto de lo que ocurría, diseñó un avión que también se construyó y tenía sus propias ideas, algunas sobre asuntos tan importantes como el control lateral.

Gaspar Brunet y Viadera fue ingeniero industrial, profesor de la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona. No hay duda de que en 1910 era una de las personas que mejor conocía la aeronáutica en Cataluña y en España. Su libro, con veinticinco capítulos, lo demuestra. Trata los temas de forma ordenada. Empieza con un breve resumen de la evolución histórica de la aeronáutica y sigue con el análisis del efecto de las corrientes de aire sobre una superficie plana, en función del ángulo de incidencia, luego trata sobre el mismo asunto con superficies de distintas formas y explica qué es la fuerza de sustentación. Después habla del equilibrio y la estabilidad de las máquinas de volar, antes de entrar en otros asuntos como las hélices, la configuración de los aeroplanos, los motores y los equipos auxiliares. El último capítulo está dedicado a la práctica del vuelo. Es muy curiosa la relación de libros y revistas que dice haber consultado para la confección de su curso. En total hay 16 libros y 9 revistas. Las 9 revistas son francesas y de los 16 libros hay uno en inglés (Progress in flying machines, de Chanute), dos en alemán, el clásico de Lilienthal y otro de Wegner von Dalwitz y los otros 13 están francés. Sin duda, Brunet seguía muy de cerca lo que ocurría en París que era el centro de referencia aeronáutico del mundo en aquella época.

Cuando Gaspar Brunet imprimió este libro, el ingeniero ya había diseñado y construido un aparato que fue el primero en volar en España. Un alumno suyo de Cullera, Valencia, que estudiaba ingeniería industrial en Barcelona le encargó la construcción de un aeroplano. Que un alumno tome una iniciativa así es poco habitual, pero en este caso se trataba de un joven, Juan Olivert Serra, a quién le agració la suerte en un sorteo de lotería y decidió invertir parte de su pequeña fortuna en aquella aventura. Además, era huérfano y poseía tierras en su pueblo natal de Cullera.

Juan Olivert buscó el apoyo de amigos y familiares en Valencia, Picasent, Paterna y Cullera y consiguió ser nombrado vicepresidente de la Sección de Aviación del Círculo de Bellas Artes de Valencia. Su idea era la de presentar en la Exposición Regional de Valencia de 1909, un modelo de aeroplano del tipo Voisin o Curtiss. El ayuntamiento de Valencia le dio una subvención de 20 000 pesetas para la adquisición del motor y la hélice. El aeroplano se bautizó con el nombre de Olivert, la construcción de la célula se la encargó a los talleres Rosell i Vilalta y el manillar de control, ruedas y horquillas a los talleres Truco, ambos de Barcelona, porque no encontró ninguna empresa en Valencia que pudiera fabricar el aparato. El joven aeronauta anunció públicamente su proyecto y la noticia apareció en la prensa de Barcelona y Valencia.

El avión de Juan Olivert, diseñado por Gaspar Brunet, era un biplano monoplaza de 10 metros de envergadura y 200 kilogramos de peso en vacío, con un peso máximo de despegue de 400 kilogramos; su autonomía de vuelo debía ser de un par de horas. Llevaba un motor de gasolina Anzani de 25 caballos que movía una hélice de empuje situada detrás de las alas, dos timones de dirección verticales en la cola y dos planos de control de cabeceo horizontales en el morro. Los timones de dirección y profundidad se movían con el manillar.

El aeroplano llegó por ferrocarril a la estación de Aragón en cajas de madera, desde Barcelona, y desde allí se envió a los recintos de la Exposición Regional Valenciana situados cerca de la Alameda. El público que asistió al gran evento pudo contemplar, con sorpresa, un aparato del que tanto el estudiante Olivert como su maestro Brunet explicaban que era capaz de volar. La Exposición cerró el 31 de julio y para efectuar los primeros ensayos lo llevaron al campo de maniobras del Regimiento de Artillería número 11, en Paterna, en donde se había construido un hangar para guardarlo y se disponía de una gran explanada.

Durante el mes de agosto se hicieron pruebas de carreteo y de funcionamiento del sistema de control de alabeo. El aeroplano contaba con un dispositivo automático para mantener el equilibrio lateral, patentado por Gaspar Brunet, distinto a los alerones o al mecanismo de torsión de las alas, que eran los habituales en los aviones de la época. El aparato de Brunet llevaba unas válvulas que se abrían por efecto de la fuerza de la gravedad para aminorar la sustentación del plano que se levantaba cuando las alas perdían la horizontalidad. Brunet explica en el capítulo XIII de su Curso de Aviación este mecanismo y dice que lo probó con modelos a escala 1/10 con muy buenos resultados; también se refiere al aeroplano de Juan Olivert que incorporaba su sistema de control y del que cuenta: “¿Será verdaderamente imposible el vuelco de un aparato provisto de una disposición como la que acabo de explicar? ¿Permitirá al piloto prescindir por completo del equilibrio transversal? El ensayo hecho en el aparato construido para el Sr. Olivert, hace esperarlo pues sin cuidado alguno se levantó siempre matemáticamente horizontal en todos los ensayos.” Estas afirmaciones son un poco optimistas a la luz de lo que ocurrió en el campo de Paterna, sobre todo durante las muchas pruebas en tierra que se llevaron a cabo.

La tarde del 5 de septiembre de 1909, Juan Olivert, vestido con una cazadora de dril, pantalón, polainas de cuero y gorra marinera subió a su sillón de mimbre para efectuar el vuelo. La prensa había anunciado que “el joven valenciano todo corazón e inteligencia” tenía intención de hacer una prueba en Paterna y el campo se había llenado de curiosos. El tren de las cuatro de la tarde llegó desde Valencia abarrotado de gente que quería ver volar al estudiante de Cullera.

Gaspar Brunet y Viadera cuenta así lo que pasó:

Dado el sesgo que habían tomado las cosas- por la indiscreción del periodista- y que se encontraban en el campo o aeródromo unas 4000 personas, nos vimos obligados a tratar de hacer volar el aparato, dejando para otro momento los ensayos previstos. Eran las cinco de la tarde cuando se trasladó el aeroplano desde el hangar hasta el punto de partida.
El señor Olivert hizo primero una corrida por el campo de unos cien metros y se comprobó que el motor funcionaba débilmente. Se cambiaron los acumuladores de inflamación (sic) y se lanzó por segunda vez el aparato que retenían por detrás dos operarios, soltándolo a la señal –bajada del brazo- que dio el piloto cuando el indicador de velocidad (sic) le marcó 750 revoluciones.
El aparato levantó inmediatamente la cola, marchando sobre las ruedas delanteras unos 30 metros, después de los cuales se levantó por completo, marchando suavemente sin tocar el suelo unos 40 o 50 metros, con buena velocidad. Entonces el piloto, viendo que numerosas personas habían invadido el campo y que por la natural curiosidad no se apartaban, y que para evitarlos debía tropezar con unos algarrobos, cortó bruscamente el encendido. El aparato tomó tierra rodando velozmente por el suelo hasta que la rueda derecha se metió en una zanja haciendo girar el aparato y torciendo en consecuencia dicha rueda.

Esta es la corta historia del primer ingeniero que diseñó un avión que voló y del primer empresario-piloto que financió su construcción y logró despegar a bordo de una máquina más pesada que el aire, en el Reino de España.

Después de este primer vuelo en Paterna, una vez reparado el aeroplano, lo llevaron a la playa de Nazaret. Allí no se pudieron realizar más vuelos porque se rompió la cadena de transmisión de la hélice. Lo almacenaron en un cobertizo y una racha de aire destrozó la estructura del aparato.

Juan Olivert abandonó sus actividades aeronáuticas, se casó con Pilar Peris Castellano y pasó el resto de sus días en Cullera, cultivando sus tierras, hasta que falleció a los 61 años de edad. Todos los años se le recuerda durante el Festival Aéreo Ciudad de Valencia cuando se entrega el premio que lleva su nombre.

A Gaspar Brunet y Viadera tengo que agradecerle que escribiera mi libro, su espléndido Curso de Aviación, que se publicó al año siguiente del vuelo en Paterna. Gaspar presentó un modelo en la primera Exposición Aeronáutica de Barcelona y luego dejó la aviación. Del avión que diseñó para Olivert hay dos réplicas: una en el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe de Valencia y otra en el Museo del Aire de Cuatro Vientos, en Madrid.

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