Huir del asedio a París (1870-1871) en globo.

L'Aigle, globo de Godard

Globo de Godard, l’Aigle

Del 19 de septiembre de 1870 hasta el 28 de enero de 1871, París estuvo sitiada por las tropas prusianas. Durante ese tiempo, los globos jugarían un importante papel manteniendo las comunicaciones entre la ciudad y el resto del mundo. Desde un primer momento, los aerosteros franceses se pondrían al servicio de la defensa de la ciudad y en septiembre de 1870, antes del comienzo del cerco, se instalarían tres globos cautivos, uno en la plaza de Saint Pierre, en Montmartre, otro en la plaza d’Italie, y el tercero en Vaugirard para observar el movimiento de las tropas enemigas. En las estaciones de Orléans y del Norte, se ubicarían las fábricas de los hermanos Louis y Jules Godard, la de Yon y la de Dartois, respectivamente. Durante el tiempo que duró el cerco, entre el 23 de septiembre de 1870 y el 28 de enero de 1871, se lanzaron sesenta y seis globos tripulados de unos 70,000 pies cúbicos, desde las estaciones de Orléans y del Norte. El primer aerostero que abandonó París fue Jules Durnot, a bordo del Neptune, el 23 de septiembre de 1870. Durnot despegó de la plaza de Saint-Pierre y, a pesar del duro ataque que sufriría por parte de los prusianos, lograría cruzar las líneas enemigas y ponerse a salvo aterrizando cerca de Evreux. Pronto se acabarían los aerosteros con experiencia y Eugène Godard tuvo que entrenar a marinos mientras Yon y Dartois adiestraban a voluntarios civiles. Durante el asedio, los globos transportaron ciento dos pasajeros, cuatrocientas palomas mensajeras, cinco perros y 11 toneladas de correo . Entre los pasajeros hubo científicos, ingenieros, militares y políticos. Quizá el más ilustre de los políticos fue el jefe del gobierno francés, Léon Gambetta, que partió acompañado de su secretario Spuller, de la plaza de Saint Pierre el 7 de octubre en el Armand-Barbés, pilotado por Trichet que por culpa de la ineptitud de su piloto terminó en el bosque d’Epineuse, cerca de Clermont d’Oise, y estuvo a punto de ser apresado por los prusianos. Gambetta logró escapar milagrosamente y pudo reunirse en Tours con el gobierno para organizar la defensa nacional.

Las palomas mensajeras se mandaban en globo para que desde los destinos volvieran a reenviarse a París, transportando correo, en películas de colodión de 3×5 centímetros, capaces de almacenar dieciséis páginas de escritura, que pesaban media décima de gramo. En cada página, se almacenaban hasta quince mil letras o cifras y las palomas podían transportar veinte películas, lo que suponía un total de trescientos mil caracteres que equivalía a unos cuatro mil telegramas, noticias o mensajes. La información se recuperaba proyectando las películas y transcribiendo los mensajes que contenían. Sin embargo, de las cuatrocientas palomas mensajeras, únicamente trescientas se enviaron de vuelta y de esas, tan solo cincuenta y siete llegaron a la ciudad. Las pérdidas se debieron a la meteorología, brumosa e inestable, al fuego enemigo que hacía blanco en las palomas, y a los halcones especialmente desplegados por los prusianos para interceptar a las mensajeras.

Los globos que partieron de París tuvieron un repertorio variado e impredecible de destinos, Bélgica, Holanda, Alemania, Noruega o el océano y ninguno de los globos que trataron de enviarse a París logró alcanzar la capital francesa. De los sesenta y seis globos que partieron de la capital francesa, cincuenta y ocho llegaron a alguna parte fuera del alcance enemigo, seis cayeron en manos de los prusianos, y dos se perdieron en el mar. Algunos pasajeros resultaron heridos durante el aterrizaje. No sería un mal balance, teniendo en cuenta que cincuenta pilotos no tenían experiencia y los despegues se hacían por la noche en circunstancias atmosféricas adversas. Fue la operación bélica mejor organizada por los franceses durante la guerra.

(De El secreto de los pájaros)
http://www.elsecretodelospajaros.com

2 comentarios el “Huir del asedio a París (1870-1871) en globo.

  1. Mi abuela parisina me contaba, cuando yo era muy niña, en las horas calurosas de la siesta en Buenos Ares, las historias de su abuelo Luis Godard y su globo gigante, un precursor de la aeronavegación me decía. Yo volaba con mi imaginación en su globo, y lo recordaba simplemente como el abuelo valiente que se atrevió a volar y se rompió las piernas en una caída. No supe hasta hace poco tiempo la trascendencia que tuvo él y toda la familia en la historia de la aeronavegación.

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